miércoles, 31 de agosto de 2016

La crianza con respeto por estos rumbos

La crianza con respeto es vista como algo tonto o cuando menos ineficaz en esta parte del mundo. Hay que entender que las personas mayores no se respetan entre sí, tampoco.

El azoro y/o desprecio que produce este modo de pensar la crianza y la educación, surge de varias premisas.

La primera es la supuesta necesidad de gritar, golpear o castigar de algún modo a los niños, para que aprendan. Es una cuestión cultural más arraigada que el amor por el picante y el fervor por la virgen de Guadalupe. "A los hijos hay que gritonearles a veces", me dijo una mamá de dos buenos muchachos. Los hijos son como la masa para hacer pan, a la que hay que dar sus golpecitos, me dijo una amiga esta semana. 

Siempre defiendo que las personas crían y educan como pueden con los recursos que tienen; ya es suficientemente difícil como para enjuiciarles cuando no hay mala intención en sus actos. Pero existen otros recursos; por cierto, más efectivos cuando lo que se pretende no es adiestrar ni someter. Me asombra el poco interés por conocerlos. 

Además de los desinteresados están los "completamente seguros", algunos de los cuales, predican la necesidad de la "mano dura". Lo peor planteado entre sus dichos, es eso de que las generaciones que tuvieron suficientes nalgadas o chanclazos, sí están bien educadas... y "sin traumas". ¿Lo pueden decir en serio? ¿Ya vieron a su alrededor? ¿Alguna vez leen las noticias? Porque yo veo un montón de personas, para empezar, "mal educadas" en el sentido tradicional; pero lo más importante: veo a muchas, pero muchas personas con problemas de autoestima, con un criterio pobre, con discapacidades intelectuales adquiridas y/o que sencillamente "se portan mal". Se "portan mal" con sus familias, con sus compañeros, en el trabajo y en la calle. ¿De qué buenos resultados están hablando?

Suelen hablar de su propia experiencia. A ellos les gritaban, castigaban o pegaban, o bien, ellos lo hicieron con sus hijos. Sobre esto, hay dos cosas que me parecen tan claras, que me extraña que no sean evidentes. Primero: lo que convirtió a todas esas "personas de bien" en "personas de bien", no fueron los gritos o las nalgadas: fueron los límites establecidos con esos recursos -y no está de más repetir: hay otros recursos-. Luego: es enorme la resistencia a aceptar que algo que "hicieron conmigo" o que "yo hice", no fue lo mejor.

Recuerdo a mi abuela diciéndome que tenía que destetar a cada hijo cuando estaba embarazada del siguiente, porque ni modo que le diera a dos al mismo tiempo. Le dije que era posible amamantar a dos o más niños al mismo tiempo y me contestó "¡Ah! He estado equivocada toda la vida", con el tono que quiere decir: "sí, claro, tú crees que yo no sé nada y que hice todo mal cuando me dejé la vida en criar siete hijos: sieeeeteee. Se aprende en la escuela de la vida, para que lo sepas". Hace falta valentía y humildad para aceptar que efectivamente, hemos estado equivocados, a veces toda la vida. Nos resulta muy difícil porque estamos acostumbrados a que esa aceptación sea una puerta abierta para la culpa. 

Sin embargo, creo que la razón por la que peor se mira a la "crianza con respeto" es por su asociación con "la moda". ¡A cuánta gente he oído decir frases del tipo: ahora se les ocurre esto y mañana lo otro! Está de locos "tomar" todo lo que se le ocurre a todos, pero ¿por que se va a desechar algo, solo porque no ha estado ahí desde siempre y porque muchos lo creen? Otra rayita para el tigre es quiénes creen en esto. Parece que se trata de un asunto hippioso o snob. Por un lado, suponen que no gritar ni castigar es no poner límites. Aunque se les repita que no es así, no lo creerán porque no imaginan cómo poner límites sin gritos ni castigos. Por otro lado, suponen que es requisito vivir muy a gusto, sin problemas económicos, sin trabajar fuera de casa, con clases de yoga tres veces a la semana. Y no. 

Creo que se estereotipa a las mamás y papás que creemos en la crianza con respeto, como flotando dentro de una esfera de armonía, en un nivel superior de evolución. En mi caso y en el del papá de B, nada más lejano de la realidad. Hice un compromiso con este modo de crianza, porque si fuera por mis inclinaciones, a la chingada el respeto la segunda vez que avienta la comida de la charola. Cuesta trabajo. Toda la cultura va en otra dirección. Habrá dedos señalándote porque si no educas como los demás, parece que no estás educando. Hay dudas, también. Y la vida está encima. Nosotros hemos trazado estrategias y vamos creando tácticas para cada cosa que hay que modelar o corregir; pero tal vez llegue el momento en que sintamos que hay que cortar de tajo una conducta en ese preciso momento y no sepamos como hacer sino como siempre se ha hecho. Ya se verá... 

Hasta ahora, con compromiso, con estrategias, con tácticas, tenemos buenos resultados en unas cosas, vamos por un camino empedrado en otras, y también: fallamos. Yo grito feo, desbordada por el coraje, cuando me muerde. La diferencia con otras posturas es que lo considero un fallo (no el grito de dolor, sino los gritos de coraje con mueca y algo de vómito verbal). Me disculpo y me modero. Sé que seguiré fallando, pero no lo vivo como si estuviera "haciéndolo mal"; lo vivo como un camino no solo hacia ser la mamá que quiero ser, sino hacia ser la persona que quiero ser: la persona en cuya mirada se ve mi hija.

Silvia Parque

martes, 30 de agosto de 2016

El lugar de cada cual

Hace muchos años vi un capítulo de "Tres por tres" (Full House) en donde al papá se le ocurre contarle a la hija mayor el cuento del Patito Feo para intentar moverla de una posición de víctima. En cuanto otro de los personajes se entera, va a rescatar a la hija, que se asume confirmó sus sospechas de fealdad gracias al cuento. Pero el cuento no tiene la culpa de la falta de sensibilidad de algún papá real o ficticio: dice una verdad.

Hoy conocí ESTA historia sobre una niña a la que sus compañeros señalan por "rara", debido a que le gustan los insectos: toda una comunidad de entomólogos le ha dado aliento y apoyo. Ojalá en la escuela hubieran podido apreciarla mejor, pero a veces las cosas son así. Su mamá, en un acto de amor, logra señalarle algo "más allá". Algo así como: "allá" hay personas como tú; "allá" hay un lenguaje donde tu mirada puede moverse en plenitud. 

Como yo lo veo, el lugar de esa niña no es el patio de esa escuela con esos compañeros; puede adaptarse y hacer ajustes el tiempo que deba estar ahí; puede pasarla bien y hacer amigos; pero "su" lugar es otro. Y creo que de lo más importante en la vida es encontrar cuál es nuestro lugar. Uno de los peores errores que se pueden cometer es permanecer en un sitio al que no pertenecemos. A veces hay que salir de una familia de origen, expresamente para ya no "estar" ahí. A veces hay que cambiar de ciudad o de país. ¡A veces hay que cambiar de mundo! Se puede. Hay muchos mundos.

Silvia Parque

lunes, 29 de agosto de 2016

Sincronizadas

He cenado unas sincronizadas de maíz con las mejores tortillas, el mejor queso y el mejor jamón del mundo... bueno: lo mejor de la tienda y del super express que está cerca de mi casa. ¡Pero qué buenos!

Qué buena es la experiencia de algo realmente bueno.

Silvia Parque

domingo, 28 de agosto de 2016

Pérdidas: la tarjeta y Juan Gabriel

Hoy perdí, otra vez, mi tarjeta de débito. Iba a ir a sacar dinero y noté que no estaba en la bolsa de mi pantalón. Ya lo sé: una tarjeta no se carga en la bolsa del pantalón. Fue muy triste tristísimo. Nadie perdió una pierna, pero me puede lo que me van a quitar por reponer el plástico, el riesgo en el que estuvo el dinero que ahí está y el cambio de planes que implica no disponer del dinero hasta mañana y tener que ir al banco. La cosa viene después de semanas complicadas en el aspecto económico, entre malabares, cancelaciones y atoramientos. Encontrarme sin saldo de teléfono para hacer la llamada de reporte por extravío, cuando recién tenía en mente que estaba a punto de disfrutar una torta de milanesa, fue como caer a un charco de agua sucia.

Pero con la niña no hay oportunidad de duelos muy prolongados, así que después de una lloradita, seguí adelante con el día.

Y que veo que se murió Juan Gabriel.

En general, me parece entre raro, enfermo y falso ver a multitudes dolientes en los funerales de los famosos. Que vayan al chisme, lo entiendo; me perece feo, pero auténtico. Que vayan como dolientes se me hace que está para analizarse. Sin embargo, yo de verdad lamenté la muerte de Jenny Rivera; no era fan, pero me sentí identificada con ella una vez que vi una entrevista, y cuando se murió, me pudo mucho. También comprendí el lamento popular por la muerte de Chespirito; a mí no me pudo, pero sé que mucha gente creció viendo sus interpretaciones y sintiendo algo tanto por sus personajes como por él. Hay gente que está en una posición por la que se hace presente e importante, aunque en realidad no tenga nada que ver con una. Así Juan Gabriel.

Ya me había repuesto de la pérdida de la tarjeta, cuando esta noticia me dio un descontón. Me queda claro que no conocí a la persona real que murió; el personaje-artista ni me conoció ni pinta apenas en mi vida... pero a lo mejor un poquito, sí.  Toda mi vida ha habido canciones de Juan Gabriel por ahí; que de pronto no exista más esa persona de quien salían las canciones y la voz, me deja todo ese pasado en un pasado más "ido", más que "ya no es". Me recuerda que todos vamos a morir. Que mi hija no va a tener relación con cosas y personas que me importaron. Que no va a conocer la escena en la que mis tías recogían la casa el fin de semana mientras oían una colección de cassettes de Juan Gabriel que le prestó su novio a mi tía más chiquita. Que no va a conocer los cassettes... Que no tiene la menor importancia lo que pasó un domingo o lo que haya pasado en un auditorio lleno de gente, porque te mueres y a los dos meses o a los dos años (o veinte), apenas eres un recuerdito.

El hombre fue un gran compositor. Tuvo la gracia de escribir cosas que parecen haber estado ahí siempre: como si se hubieran escrito a sí mismas o hubieran sido escritas por el tiempo; como si fueran parte de un sueño común que estábamos contando todos en diferentes mañanas. Por alguna extraña orquestación, saber que se murió me hizo sentir todos los pedacitos llegadores del repertorio que le conozco. Y mis penas de amor me apenaron porque se murió. Ya no estoy en la fase cortarme las venas por nada, pero eso me hizo la noticia y todavía me siento como si hubiera llorado mucho. Qué se le va a hacer.

Silvia Parque

sábado, 27 de agosto de 2016

No me gusta hacer ejercicio

No me gusta hacer ejercicio. Lo he dicho en múltiples ocasiones. Pero tampoco me gusta sentir el cuerpo pesado ni perder flexibilidad. Así que sería bueno que hiciera ejercicio: me lo digo cada tres o cuatro días; me digo que sería bueno para B verme mover el cuerpo y que sería divertido si me imita y nos movemos juntas. Pero no hago más que volvérmelo a decir tres o cuatro días después.

Llegué a disfrutar el gimnasio cuando iba a algo que llaman "hacer circuitos": solo unos minutitos en cada aparato: ideal para mí. Era el ambiente menos "típico" de gimnasio al que he ido. Me chocan los ambientes de gimnasio.

También disfruté mucho una temporada de calistenia en casa de una vecina con dotes de liderazgo. Movimientos de esos que pueden hacer hasta los viejitos, pero que sirven cuando se hacen a conciencia.

No tengo cabeza ahora para pensar en los kilos y los centímetros que me sobran; no me importan lo suficiente. Pero sí quisiera sentirme ligera y recuperar tono muscular. Así que me propongo -otra vez- empezar a moverme. Vamos a ver.

Silvia Parque

viernes, 26 de agosto de 2016

B y las visitas

B pasó un buen tiempo sin salir de la casa cuando tuvo varicela; desde que vio a la doctora que confirmó las sospechas hasta que pudo volver a ir al parque, solamente nos vio a su papá y a mí. Después de eso no hemos salido mucho, y cuando salimos, no es precisamente a socializar. Si vamos al pequeño super express que queda cerca, por ejemplo, yo intercambio saludo con el guardia y las palabras de rigor con la cajera, pero B usualmente solo interactúa conmigo.

Hace unos días, unos misioneros mormones nos abordaron. Aunque fueron amables con ella y le dieron la mano, se quedó viéndolos como decidiendo no regalar su confianza así nada más porque se le aparecen y le sonríen. Quedé con ellos en que podían visitarnos hoy. De nuevo tuvieron la cortesía de saludar a la niña con especial amabilidad, a lo que ella respondió con seriedad absoluta. Cuando ya se instalaron y empezamos a conversar, el que hablaba más se las ingenió para rodearla con un brazo, ponerle atención y lidiar con ella, mientras se dirigía a mí -yo estaba enfrente, como a medio metro, observando-.

Para mi sorpresa, B se le acurrucó y pasó un largo rato ahí, visiblemente cómoda.

Me sorprendió ella y me sorprendió él: la niña ni le distraía ni le impacientaba. Creo que no es común en un hombre joven.

Silvia Parque

jueves, 25 de agosto de 2016

Festejo el amor

Estar sin pareja es ir sola por el mundo. Ningún familiar, por más que te quiera, hace su vida contigo, como lo hace una pareja. Y la compañía de un hijo -en mi caso, una hija- es otra cosa: para empezar porque no está ahí para acompañar.

Como yo creo en Dios y en el Dios que creo, usualmente le siento conmigo; para cuando no "siento", tengo la fe. Así que sé que estoy acompañada en ese sentido, digamos espiritualmente. Pero para caminar acompañada por los días de la semana, se necesita una pareja. Los amigos están ahí un rato o muchos ratos, pero no andando el mismo camino, no de la mano de modo que las manos se confunden una en la otra.

Y eso de "no estoy sola porque estoy conmigo" me parece bueno para cuando alguien está encontrándose y valorándose; pero se entiende que lo de "estar sola" se refiere a estar sin alguien más.

A mi no me gusta estar sola, pero ya que toca, trato de no fastidiarme con eso. Como chocolate y festejo el amor. Cómo me gusta ver, por aquí y por allá, un brote de amor, una ráfaga de amor, un manchón de amor, representado o real.

Silvia Parque

miércoles, 24 de agosto de 2016

Lo que pasa con la falta de Peña

He leído algunos de los comentarios sobre el recientemente documentado plagio del presidente. Me llama la atención que algunas personas le defiendan con dichos que parecen responder a la difusión de una foto embarazosa de su adolescencia, cuando no se trató de eso.

Sí: todos hicimos algo incorrecto alguna vez,  Si tuvimos la suerte de tener una vida académica, también habremos hecho algo incorrecto "ahí". Nadie va a crucificar al buen Juan Pérez, que tiene veinte años ganándose la vida decentemente, porque una vez copió en un examen, en primer semestre de la carrera, cuando sentía que la vida le iba en la calificación que necesitaba. Nadie va a desplumar a María Pérez -la hermana de Juan- porque en quinto semestre, cuando empezó a trabajar, le invitó pizza y refresco a sus compañeros para que pusieran su nombre en el trabajo por equipo, aunque no participó. Requetemal estuvo Juan y requetemal estuvo María, pero las cosas pasan.

Lo que pasa con la falta de Peña es en primer lugar, que es de lo más grave que puede hacerse en la universidad. Y luego: que no era un muchachito "volándose" una clase. Se empieza la carrera con 18 años más o menos, pero se termina años después, cursos después, profesores después, prácticas después... errores y reparaciones después. En ese tiempo, te estás formando. Cuando llegas al final y emprendes el camino de la tesis, ya estás lejos del preparatoriano que fuiste. Si por alguna extraña razón no lo sabías, con los primeros borradores de tu trabajo, te enteras de que no indicar la autoría de los textos que citas, se traduce en que te atribuyes dicha autoría. Suponiendo que Peña no tuviera intención de plagiar, en algún momento se enteró de que no sabía cómo hacer su tesis. Pero no importó y se tituló con un trabajo del que casi la tercera parte resulta "sospechoso" de plagio. Casi la tercera parte. Si compró el texto, peor.

Lo relevante del asunto no es su incompetencia escribiendo, lo relevante es que no importara y que tuviera un pase mágico para la obtención de un recurso que es andamio de su posición actual. Como ese pase mágico, los poderosos en México tienen boletos prácticamente para lo que les dé la gana, porque pueden. Es injusto y peligroso.

Silvia Parque

martes, 23 de agosto de 2016

Despierta

Hace semanas iba a escribir sobre cómo "regularicé" la "hora de dormir" de B, pero tuvimos un par de noches locas. Pensé que serían excepciones de las que también habría que hablar, pero no mucho después llegó la varicela y todo revoloteó. Apenas va volviendo la normalidad. Lo escribo pasada la medianoche, con ella despierta.

Silvia Parque

lunes, 22 de agosto de 2016

Nota sobre el asunto del presidente plagiador

El señor presidente me hizo recordar a una alumna de primer semestre de Psicología, en un curso de Epistemología. Rechacé su trabajo final y le adjunté los dos artículos que había plagiado. Ni se apenó, ni se lamentó por haber sido descubierta, ni respondió con cinismo. Estaba indignadísima: realmente descompuesta. Tardé unos veinte minutos en entender que de verdad estaba convencida de que era su trabajo -al que había puesto esfuerzo y dedicación-, porque ella había elegido los artículos -probablemente hasta los había leído- y había hecho el copy/paste necesario: no todo un artículo y luego el otro, sino algo del primero, algo del segundo, de nuevo algo del primero.

Creo que Peña puede sinceramente creer que el plagio en su tesis es una peccata minuta. Como han dicho por ahí, así resulta si se le compara con "lo demás" que puede señalarse sobre su actuar. Pero dice mucho. A mí me habla sobre todo de la soberbia de pasar por encima de lo que sea para obtener recursos de poder.

Luego está lo que se evidencia con la reacción ante el "descubrimiento". Si las tesis no se leen, si muchas tesis no se revisan con rigor, si pululan profesionistas mal preparados, ¿cómo queda dimensionado el que el señor presidente haya plagiado la suya?

De dar pena el machismo en las críticas a Carmen Aristegui. Entiendo que el reportaje "supiera" a poco. La verdad es que yo también estaba expectante por conocer "otra faceta" de Peña Nieto, y no sentí que me "enterara" de algo. Pero no juzgo el valor del reportaje por mi "sensación": no es lo mismo asumir algo porque a eso lleva la lógica, que recopilar evidencia, organizarla y presentarla de modo que se puede asegurar: "pasó esto". Como sea: qué mal quedan las diferentes versiones de que Aristegui acusa porque es una mujer despechada.

Silvia Parque

domingo, 21 de agosto de 2016

B come de todo

Hoy, mi niña probó el licuado de fresa. Conocía el licuado de mango y de mango con plátano. Amo cómo cada día conoce algo nuevo, y con la comida es especialmente divertido.

Hace poco probó el ajo. Había comido platillos con ajo, pero no un diente de ajo, así: solo. Yo estaba rebanando uno para cocinar y ella insistió en que quería, a pesar de mis advertencias. Se lo di y se lo comió; bueno: lo mordisqueó, se entretuvo con él un rato y comió un poquito. No le hace el feo a nada. Es genial verla comer limón: pone caras pero no se detiene.

Dicen que cuando crecen empiezan los remilgos. Hoy me ofreció de su cebolla y le dije que no me gusta. Me dio pena porque me gustaría que no tuviera el "dato" de que la buena comida puede no gustar; pero sería un sacrificio para mí darle una mordida a la cebolla (se la pasé a su papá, quien se la comió con gusto). Claro que sucede, a veces, que hay cosas que no quiere; pero nunca ha puesto cara de disgusto cuando no le interesa comer algo: nada más no quiere; se lo ofrezco tiempo después, y siempre sí. Excepto con la médula: eso sí que le disgustó.

Ayer le decía a mi abuela, por teléfono, que ama los huevos cocidos pero no se come la yema; no es que no le guste el sabor: no le gusta la sensación. Se emociona mucho con el huevo. Trato de que no los vea hasta que están listos porque si los ve, los quiere en ese momento; es poco creíble que "todavía no están listos", si están igualitos que cuando ya se cocieron. Ayer, apenas hube pelado uno, se lo di entero -normalmente lo parto en pedacitos-. Se lo comió a mordidas con todo y casi toda la yema. Así que de ese modo, la yema sí.

El día que la pediatra notó que era hora de cambiar a las gráficas de talla y peso para niñas con S.T., pude volver a mi entera despreocupación por su comida. Si come poco, comerá más al rato. De cualquier modo, iremos con una gastropediatra para asegurar que todo el proceso de su alimentación esté funcionando bien. Así es la cosa: visitamos un abanico de especialistas. Gracias a la generosidad de su abuela, no tengo que preocuparme por lo que eso cuesta. Gracias a Dios, siempre encuentran que todo está bien.

Silvia Parque

sábado, 20 de agosto de 2016

La lluvia en mi casa

Crecí en el desierto... Bueno, en una ciudad en un llano, pero con clima extremo y poca lluvia; con años de no llover. Así que cuando vine a Querétaro disfruté mucho la lluvia. Sus días y días de lluvia... Me causaba gracia cómo se despejan las calles en cuanto empieza a llover. A mí una mojadita me parece de lo más disfrutable. Luego fui conociendo el lado feo de la temporada, que no es culpa de la lluvia, por supuesto: la ciudad se inunda en varios lados, el tráfico se obstaculiza y no sé ahora, pero hace unos años, el drenaje del centro de la ciudad era un desastre, así que las limpias calles queretanas podían ser una cochinada al día siguiente de una lluvia fuerte. 

De cualquier forma, me gusta la lluvia. Lo que no me gusta es estar sola cuando hay truenos y rayos. Me da un miedo animal; sé que no va a pasar nada, pero me impresiona y siento miedito... un miedito adquirido con los años: no estaba cuando era chica. Tal vez porque tenía su punto rico sentirlo en brazos de alguien, quién sabe... Afortunada o desafortunadamente, la preocupación realista hace a un lado el temor. El agua se mete a mi casa por la ventana de la recámara, la ventana de la sala, la ventana del estudio, una gotera en el baño, la parte de abajo de la puerta y dos ventanas que están sin vidrio en este momento. Un poquito por aquí, un poquito por allá, pero cuando la lluvia dura, acaba siendo bastante.. 

Ahora llueve. A mi niña dormida, parece que ni le va ni le viene. Cuando estaban las tortugas, lo sentían. Hasta el momento, no hay casi nada mojado, y espero que siga así. 

Silvia Parque

viernes, 19 de agosto de 2016

B habla

Amo oír hablar a B. Nos comunicamos más y mejor; sin embargo, dice tantas cosas que justamente por eso, hay algunas que no entiendo: es que antes conocía todas las palabras de su repertorio, pero como ahora puede decir cualquier cosa, a veces no estoy segura de qué ha dicho.

Como conté antes, hay palabras que dice correctamente, y otras que dice a su manera. Aunque mi consigna es decirlas yo correctamente, el hecho de que es casi la única persona con la que convivo, me influye y a veces digo cosas como: "¿Quieres más manné?" Me corrijo de inmediato, pero vuelve a ocurrir. Hace días pensé, emocionada: "¡Ya lo dijo bien! ¡Dijo guabaya!" Es de las palabras alteradas que más me ha pegado.

El otro día, hablaba con su papá de que no dice la "i"; yo decía que no había servido que le digo que el ratón hace "i-i-i"; que me imita con un sonido a su modo, que blablabá. Ella estaba en lo suyo. Volteó y soltó con toda claridad: "i-i-i". No el sonido agudo caricatura de ratón, sino una perfecta "i" repetida tres o cuatro veces. No ha vuelto a decirlo, pero ahora sé que puede. Tampoco dice la "ch"; la sustituye por "ck", así que dice "ecke" por "leche". En realidad, creo que no dice la mayoría de las letras. Lo asombroso es que se las arregla para decir todo con los sonidos de su repertorio.

Silvia Parque

jueves, 18 de agosto de 2016

Casi lo que sea, quiero saber

Me interesan las cosas. Siempre ha sido así. Me interesa saber sobre las vacas y sobre los caballitos de mar. Me gusta enterarme de cómo fabrican el jabón o de cómo opera una ensambladora. Me atrae casi cualquier tema de ciencias sociales o humanidades -es lo mío-. Y me encantan las historias: cómo fue esto, cómo vivieron aquellos... Incluso las cosas que se me dificulta entender, me interesan.

Claro que cuando digo "me interesa", "me gusta saber" o "me atrae"  no significa que esté dispuesta a esforzarme o a dedicar mucho tiempo al objeto del interés, el gusto o la atracción. Hay algunas -pocas- cosas por las que sí me aplico, me concentro; a las que les puedo dedicar un pedacito de vida; lo demás es casi puro ludo.

Silvia Parque

miércoles, 17 de agosto de 2016

Lo que dice mi abuela

Algunas dichos de mi abuela, me los he quedado. No los digo, pero son parte del andamiaje con el que pienso.

Cuando vivía con ella, le oía decir que "al piso no le duele" sobre cómo barrer o trapear. Yo barro y trapeo mal; pero si me aplico, casi la oigo diciendo que no hay que hacerle "cariñitos al piso".

Todavía dice con frecuencia: "La gratitud es la memoria del corazón". Tardé en entender qué quería decir.

Mi favorito es: "Yo me tardo mucho, pero cuando decido que ya estuvo: ya estuvo". Es una mujer de decisión.

Silvia Parque

martes, 16 de agosto de 2016

Una pequeña Cross de hace muchos años

Mi mamá me regaló un pequeño bolígrafo Cross hace muchos años; no logro recordar si yo tenía doce, trece, catorce... He tenido diversas plumas y bolígrafos después; recuerdo especialmente una Sheaffer azul cuyo trazo disfrutaba mucho; de esa marca recuerdo también un juego de pluma y lapicero que nos repartimos el papá de mi hija yo -yo usaba el lapicero; durante un tiempo preferí los lapiceros-.

Nunca conseguí escribir con una pluma fuente. La última que tuve fue una simpática de plástico. Se secaron los cartuchos de tinta.

El caso es que siempre he querido otra pequeña Cross como la que me dio mi mamá: delgadita, negra. No recuerdo de qué color era la tinta, pero sí recuerdo la sensación del objeto entre mis dedos.

Silvia Parque

sábado, 13 de agosto de 2016

"Dichosa ella [...] que tiene mucho de donde y de qué comer"

Después de una semana muy pesada, ya solo con restos de la varicela de B, me tomé un rato de la tarde de vacaciones. Fui a un café cerca de la casa, pedí un frapuccino mocha y empecé El Diosero, de Francisco Rojas González. Qué dulzura desde los primeros párrafos; qué intensidad de esa que se siente en el vientre. Deberían darlo a leer en secundaria.

Para el tercer cuento, todavía me quedaba café, pero tuve que regresar a mi casa. Era "Las vacas de Quiviquinta"; un cuentito que empieza describiendo el hambre de Estaban Luna y del resto del pueblo de Quiviquinta. Del resto del pueblo, pero no de la bebé que tiene su teta.

El jueves, Esteban y Martina van al tianguis con la niña, a ver si pueden vender a "búlique", la gallina...
La niña sigue llorando; Martina hace a un lado la caña de azúcar y cobra a la hija de los brazos de su marido. Alza su blusa hasta el cuello y deja al aire los categóricos, los hermosos pechos morenos, trémulos como un par de odres a reventar. La niña se prende a uno de ellos; Martina, casta como un matrona bíblica, deja mamar a la hija, mientras en sus labios retoza una tonadita bullanguera.
Una pareja bien comida llega al tianguis en automóvil. Por setenta y cinco pesos al mes, Martina se va con ellos para hacer de nodriza.
- ¡Quiero! -responde ella. Y luego al marido mientras le entrega a su hija-: Anda, la crías con leche de cabra mediada con arroz... a los niños pobres todo les asienta. Yo y ella estamos obligadas a ayudarte.
Tuve que irme a mi casa, a ver si ya quería teta mi niña. Estaba dormida. Seguí leyendo.

Silvia Parque

viernes, 12 de agosto de 2016

La distancia que los otros marcan

Hace unos días resolví dejar de enviar mensajes a personas que no los responden, que apenas los responden (sin intento por hacer conversación) o que prácticamente nunca son quienes envían el primer "hola, ¿qué tal?" No es algo muy determinado para siempre jamás; si no puedo aguantar las ganas de saludar a alguna de esas personas, la saludo y ya. Solo creo que, a veces, hay que abrir espacios para experimentar la distancia que los otros marcan... tal vez por esos espacios se cuelen personas que quieran estar más cerca.

Silvia Parque

jueves, 11 de agosto de 2016

En la Villa de la Varicela: crisis de lactancia

B se encuentra mucho mejor. Ya algunos granitos han desaparecido y parece que no están saliendo más. No ha dejado de mostrar interés por jugar, caminar, etcétera; sin embargo, ha dormido más durante la noche, sus siestas del día han sido más largas, y pasa mayores ratos sentadita en mi regazo, mamando. Su necesidad de mamar debió advertirme que estaba malita antes de que se presentaran los granitos, pero como le están saliendo más dientes y en cualquier momento puede haber un brote de crecimento, pues no supe.

Cuando esto empezó, sentí esa agradable sensación mezcla de orgullo y agradecimiento, por poder darle consuelo y alivio a través de la teta. Además de que la leche materna es un excelente alimento, lo que viene muy bien cuando la enfermedad le reduce el apetito, tiene propiedades analgésicas y ocupada en mamar se distrae de la comezón. Y está la seguridad de la cercanía de mamá. La cercanía permanente e incondicional de mamá. Las tetas de mamá al servicio del bienestar de la cría, por amor, conforme al diseño de nuestros cuerpos... ¡Hasta el límite!

Quiero decir: llegué al límite.

Esta fue oficialmente nuestra primera crisis de lactancia. Hemos tenido momentos difíciles: cuando ella estuvo desnutrida porque a causa de la forma de su paladar, no podía extraer suficiente leche; como continuación, cuando traté de sacarme leche y entre el tiempo que ella mamaba y el tiempo de extracción, me abrumé. Pero nunca dejé de querer tenerla prendida. Hasta ahora.

Más o menos a los trece meses, empezó a haber momentos en los que me sentía cansada de dar de mamar, y empecé a pensar en la posibilidad del destete para no mucho después. Dicen que el destete comienza cuando se ofrecen al niño alimentos aparte de la leche. Supongo que así empieza el destete natural; sin embargo, destetar como algo que hace la madre, creo que pasa cuando la lactancia deja de ser a demanda. Y sin proponerme destetarla -más bien no queriendo hacerlo-, más o menos como al año, empecé a decirle a veces a B, que en ese justo momento no, que esperara un poquito.

Volviendo al punto: antier no pude más. Me sentía cansadísima. El papá de B creyó que me habría dado alguna clase de infección asociada a la varicela de la niña; pero no: nada más estaba muy muy muy muy cansada. Tenía unas dos semanas trabajando por la noche en un proyecto que esperaba echar a rodar por el mundo la semana pasada. Entonces llegaron los granitos, la fiebre y la demanda de más y más y más teta con las correspondientes desveladas. Podríamos haber dormido como antes, las dos juntas, ella a la teta y ambas felices; pero no, porque la demanda era también de "sintonizar".

"Sintonizar" se refiere a tomar entre dos dedos el pezón que no está en la boca, y darle vuelta, apretarlo, jalarlo, presionarlo, etc. Ese era el problema. Ese estaba siendo el problema desde unos tres meses atrás. Cuando empezó a hacerlo, siendo una bebé pequeña, me incomodaba un poco, pero sabiendo que eso estimula la producción de leche y viéndola disfrutarlo, lo toleré hasta que dejó de incomodarme. Ahora, siendo mayor, su fuerza también es mayor, y no es lo mismo un ratito que un ratote y que muchos ratotes uno tras otro. No podía soportar que sintonizara más.

Afortunadamente, dormí. Su papá me dijo que le mostrara cómo tocar con suavidad; dudé que funcionara, pero funciona. De todas formas, como su motricidad sigue siendo la de una bebé de un año y yo estoy sensible, le dije que ya no me gustaba que hiciera eso, que me incomodaba y me dolía; que la teta iba a descansar mientras tomaba de la otra. Unas tres veces se enojó mucho; pero le besé la mano, le di opciones para tocar, y parece que vamos bien. Vuelvo a sentirme contenta de oírla decir "¡teta!" Con el favor de Dios, seguiremos en esto; ojalá hasta que ella quiera. Después de esta experiencia, no se me haría raro descubrir que no quiero más; a ver... Como decía, ojalá sea un destete natural; pero si no, no se acaba el mundo. (Por supuesto, no le habría destetado en medio de la varicela, así hubiera tenido que voltearme de cabeza.)

Silvia Parque

sábado, 6 de agosto de 2016

Varicela

B tiene varicela. Afortunadamente está muy bien, pero tiene "sus momentos"; a veces porque quiere rascarse y no la dejo, a veces a causa del malestar general. Debí sospechar que estaba poniéndose malita porque tenía unos días muy sentimental y sin soltar la teta.

Silvia Parque

jueves, 4 de agosto de 2016

Mi hija grita

B grita cuando está contenta y cuando está enojada (cuando está triste no grita: llora fuerte). Grita cuando se frustra y cuando encuentra un sonido nuevo o un sonido viejo que puede emitirse a un mayor volumen.

Grita porque tiene un año.

Aunque tratamos de mostrarle alternativas para evitar que grite a la hora de comer o por la noche, sé que hacerla aprender a controlarse, por el camino respetuoso, va a tomar años: y yo soy una simple mortal que le ha pedido a su padre que por favor vayan al parque un rato, para oír el silencio.

No es que grite sin parar. Es que grita de tal modo que a veces, la estridencia puede quedárseme en el oído. Pero sé que lo necesita, que su intensidad es una dimensión de su vitalidad. A veces yo grito cuando ella grita, no gritándole a ella, sino teatralmente, para liberar mi tensión (en buen plan, pues); ella se calla un momentito y dice "¡teta!": creo que es su aprobación.

Silvia Parque

miércoles, 3 de agosto de 2016

Mi niña no lleva nada en el cabello

Hace unos días trataba de recogerle el cabello a B con un broche, mientras ella se oponía ruidosamente, como si fuera una cosa terrible. Me pregunté por qué estaba forzándola. Me contesté y tomé decisiones.

No creí que pudiera recogerle el cabello hasta hace relativamente poco. Estaban de visita una amiga mía y su hija; entre una cosa y otra, mi amiga mencionó que sí le alcanza el cabello a B, para hacerle una colita. Para mí fue una gran sorpresa. Se la hice y me encantó. B me dejó experimentar con otro peinado y duró un rato con moños en la cabeza. Así que pensé que lo repetiríamos. Pero no.

Tratando de ponerle el broche, examiné:

- ¡Tiene que peinarse! Vivimos en una sociedad en la que la gente tiene que peinarse. Cierto que yo no me peino mucho que digamos, pero está claro que peinarse conviene... si yo tuviera quien me peinara...
-- A ver: no tiene que peinarse con cosas en la cabeza. Si el cabello está acomodado, pasa; lo demás es el inicio de un canon que así, como canon, no le conviene.

- ¡Es que yo quiero ponerle moñitos! Yo que la parí y le cambio los pañales. Esos moñitos tan lindos que le compró su abuela..
-- Pues no es una muñeca.

- ¿Y va a creer que está muy bien armar un escándalo porque trato de peinarla? Yo soy la autoridad y ella tendría que dejarse. Si digo que le voy a recoger el cabello, le voy a recoger el cabello *imagino a su papá diciéndole que tiene que hacerme caso*.
-- ¡Pues no es una muñeca!, en serio. La autoridad no es para que me dé gusto. Ya decido qué, cuándo y cómo, la mayor parte de las cosas de su vida. Hasta donde recuerdo, tengo un cabello propio por si quiero ponerme moños.

Entonces oí las voces...

Los consejos y trucos "para que se deje peinar"; las apreciaciones sobre "cómo debería verse"; pero sobre todo, mi ego queriendo tener una "niña bonita" a la que le digan "qué bonita te ves".

Y oí su llanto.

Para ese momento ya había tratado de distraerla con la canción de Elmo, había tratado de negociar con ella "nada más una vez te peino y muchas veces no te peino" -como si pudiera entender del futuro-, y ya me había puesto severa, ordenando que se quedara quieta.

Pero entonces oí su llanto y me acordé de la niña china de esa novela maravillosa cuyo título ahora no recuerdo, a la que su mamá le venda los pies. No dramatizo: no estoy comparando recoger el cabello con aquello, pero me acordé porque estábamos pasando por todo el asunto para cumplir un mandato cultural porque ella es niña. No habríamos estado en eso, de ser un niño.

¿Y por qué mi hija va a tener que incomodarse, por ser niña, para "verse bonita"?

Ella, más centrada que yo, buscó mi teta y mamó para sentirse segura. Así le puse el bendito moño. Pero decidí no volverle a hacer eso.

Los fabricantes de zapatos tienen como prioridad que las bebés se vean lindas, por lo que ningún modelo de zapato para niña -de los que encontré- se comparó en estructura a los modelos para niños. Así que B lleva zapatos para niño. Mis prioridades no son las de los fabricantes de zapatos, ni las de las voces en mi cabeza.

El fin de semana pasado fuimos a una fiesta. Le puse un hermoso vestido y sus zapatos, y traté de ponerle una banda que hacía juego. No quiso. Lo intenté por segunda ocasión, por si acaso, pero fue claro que no quería. Le parecía bien examinar el objeto y chuparlo: no llevarlo en la cabeza. Así que no llevó nada en la cabeza. Mis prioridades tienen que ver con el respeto y la libertad.

Silvia Parque

martes, 2 de agosto de 2016

Cosas que me gustarían, pero no tanto como para ir por ellas

Tengo ilusiones. Hay algunas que he abrazado y en las que pongo mi energía. Por ejemplo, sueño con una cocina totalmente equipada y una despensa repleta. Me fascinan los artilugios de la cocina: me encantaría tener un procesador de alimentos, un triturador en la tarja, moldes de diferentes materiales, tamaños y formas, cosas así... muestras de cada hierbita y especie que pueda comerse. Voy a tenerlo. No es una isla privada, es perfectamente posible. Bueno... también es posible tener islas privadas, pero creo que haría falta que cambiara de vida para tener una, y no me interesa ni cambiar de vida ni tener una.

Como lo de la cocina, hay otras cosas que quiero. Pero también hay cosas que "quisiera": cosas con las que he fantaseado y que me gustarían, mas no tienen suficiente valor como para que me muevan a ir por ellas.

Quisiera tener: un hotel, una pensión, una cabaña en un bosque, una granja con huerto y animales, y una escuela. Noto que todos son lugares.

Silvia Parque

lunes, 1 de agosto de 2016

A propósito del cardenal escribiendo sobre sexo

A mí me parece congruente que las instituciones religiosas no aprueben el matrimonio entre personas del mismo sexo, y por tanto, que sus ministros no casen a parejas homosexuales. Que pretendan que en un Estado laico se legisle a partir de sus principios también me parece, en cierto modo, congruente de su parte, aunque inaceptable para ese Estado laico. Que para conseguir sus objetivos sean capaces de emplear recursos viles es otra cosa, y me parece nefasto. Ya lo había dicho antes, pero las declaraciones del cardenal Norberto Rivera [leer AQUÍ] me motivan a repetirlo.

Si para una comunidad religiosa, Dios dice que algo está mal y no debe suceder, harán bien sus voceros en dar el recado de Dios al mundo. Es de esperarse que digan cómo lo saben o por qué afirman que "Dios dice". Normalmente se remitirán a un libro sagrado, a la revelación o a la inspiración divina. Creo que la libertad de hacer eso debe respetarse y cuidarse, aunque pensemos que no hay un Dios, que Dios no dice eso o que no importa lo que diga -yo sí creo que hay un Dios y soy cristiana-.

Lo que no se vale es disertar públicamente en posición de autoridad sobre temas de los que se es ignorante, y manejar la información de manera evidentemente amañada.

Silvia Parque