jueves, 31 de diciembre de 2015

Feliz año nuevo, B

Querida B:

Por primera vez, vas a vivir un año en el que no naciste. Confío en que luego vivirás otros: muchos; en algunos, al final, yo no andaré por el mundo mientras tú sigues brindando en las nocheviejas.

Ahora apenas te enteras. Se mueve tu rutina y hay adornos brillantes. Seguro, mañana tu papá te explica cómo todo lo que estaba en el 2015 pasó al 2016 -o casi todo-, así como te lo ha explicado de lunes a martes, de martes a miércoles, y los demás días. No sé si te abrazaremos a medianoche, porque ya estás dormida, pero cuando lo hagamos mañana, sentirás que te amamos y te diré que te deseo que pases en brazos todo el tiempo que quieras, que siga estando buena tu leche, y que mamá llegue a entender tus palabras tan bien como papá; que espero que tu mejor amigo ya no te pegue, y que siempre que caigas, debajo haya algo acolchado.

También te deseo cosas que no voy a decirte, que son para después...

Deseo que crezcas sabiendo que fuiste soñada, deseada y buscada, y que todo el tiempo asumas que eres la niña más amada del mundo (por eso llevas ese nombre). Pero también deseo que cuando crezcas y busques mi oscuridad entre tus incongruencias, asumas comprensivamente mis faltas y el daño que te haya hecho.

Deseo que vivas el amor de una pareja. No es necesario para que seas feliz o plena, pero es maravilloso y yo lo deseo para ti: que te amen con amor del bueno, una persona especial que te valore incluso más de lo que papá y yo lo hacemos. Y que hagas una familia.

Deseo que te conozcas, te quieras, te gustes, y seas libre. Esa libertad me va a dar miedo, pero la deseo para ti sin restricciones; siempre que primero te conozcas, te quieras y te gustes, lo que hagas con tu libertad va a terminar bien. Yo he gozado y sufrido la mía, y sigo en el camino de encontrarla construirla; no es sencillo, pero ahí voy a estar para lo que se te ofrezca.

Deseo por último, aunque es lo más importante, que tengas una relación personal con Dios. Que yo pueda habértelo mostrado como un padre amoroso. Que le consultes cada decisión importante y mantengas comunicación con él todo el tiempo. Que le ames.

Feliz año nuevo, hija, y feliz año siguiente a este año nuevo, y los que vengan.

Silvia Parque

lunes, 28 de diciembre de 2015

Así nomás

Todos los días tengo presente a la muerte. Empezó con el embarazo y se acendró con el nacimiento de B. No es que tema que alguien muera (aunque sigo revisando que B respira cuando tiene un rato dormida). Es el efecto de saber que no soy la última generación, el efecto de sentir mi cuerpo usado por la vida.

Todos los días tengo presente la intrascendencia de mi persona (o de cualquier persona). Ocurre al mismo tiempo que me sé lo más importante del mundo para alguien cuya vida es lo más precioso que pueda existir. Es como si todo lo viera desde lejos, y apareciera como el acto de una obra escolar.

Silvia Parque

sábado, 26 de diciembre de 2015

El pavo

La noche del 24 preparé por primera vez una pierna de pavo. Usualmente prefiero el cerdo (pierna o lomo) para Navidad, pero me pareció que el pavo era "más-más" navideño, y por eso, más apropiado para la primera navidad de mi niña. Ella no lo comió como lo preparé para los adultos, pero también su versión estuvo deliciosa, y creo que ha destronado al resto de sus platillos favoritos. Es bien carnívora y harinívora, como su madre.

Silvia Parque

viernes, 25 de diciembre de 2015

Llegó y dejó los regalos

Hoy B encontrará bajo el árbol los regalos de Santa Claus. Tal vez ahora no haga diferencia entre los que recibió en la pre-navidad, los que recibió ayer por la noche y los que encontrará al rato; pero con el tiempo sabrá que esos fueron de Santa, y se meterá en la magia.

También llegarán los Reyes Magos, porque a esta casa es bienvenido cualquier personaje de buena voluntad.

Creo que me hace más ilusión que cuando esperaba mis regalos...

Silvia Parque

miércoles, 23 de diciembre de 2015

De la cama a la cuna: segunda temporada de colecho

Al amanecer del día de hoy, quedó formalmente declarado el fin del colecho en nuestra familia... como lo hemos vivido. Pasamos a la segunda temporada.

Hace tres noches, acosté a B en su cuna por una razón práctica que no recuerdo, pero que probablemente era que la cama estaba sin tender y llena de cosas, y que también probablemente fue afectada por la idea de su padre, de que a ella le convendría tener "su espacio" -como si una bebé de ocho meses pudiera querer más espacio para dormir que el de mamá... [ahora noto una posible proyección en la declaración del papá... y ahora noto la proyección en la mía...]-

El caso es que hace tres noches, en su cuna verde junto a la cama, la niña durmió profundamente, desde que la acosté hasta que hubo que despertarla para darle medicina, en la madrugada, y se volvió a quedar dormida hasta la mañana. Que así dormía más a gusto, dijo el papá. Que así dormía toda la noche, añadió. Que podía ser que en la cama le diéramos codazos o cualquier cosa que hiciera que despertara varias veces, declaró con rotunda seguridad. Yo sé que los bebés despiertan varias veces porque son bebés, aunque haya bebés que duermen toda la noche; pero hay que tener la mente abierta...

¿Y si no la oigo? 
¿Y si tiene hambre y no me doy cuenta?
¿Y si...?

Pero también yo dormí con una comodidad que nunca extrañé, pero que me vino muy bien.

La noche siguiente ya no fue tan impresionante, y B hizo sus tomas nocturnas de costumbre, así que me tranquilicé: sí la oigo, sigue pidiendo teta si quiere, y puedo llegar a ella y tomarla en brazos de inmediato. *En este punto hay que mencionar que la cuna está más o menos a medio metro de la cama.*

Para la tercera noche, el papá mencionó unas tres veces que la extrañaba; pero la verdad... yo no. Sí siento algo en el estómago cuando pienso en llegar a perderme la sonrisa de cuando despierta, pero al menos en estos tres días, he estado frente a ella justo a tiempo para disfrutarla. Y recuperar la parte que ocupaba en la cama, que ya era más que la tercera parte, se ha sentido muy bien. Es evidente que no duerme mejor en la cuna. Pero tampoco peor, y no parece a disgusto, ni asustada, ni nada por el estilo. Esta última noche, como se acostó temprano, al despertarla de madrugada para darle su medicina, ya no se quería dormir, así que la acosté en la cama; estuvo ahí buen rato, medio dejando que durmiéramos, y cuando volví a darle teta y se quedó dormida, la devolví a la cuna. Creo que los tres lo disfrutamos, así que sera así: visitas a la cama cuando se ofrezca. A nuestro ritmo.

Silvia Parque

martes, 22 de diciembre de 2015

Seguimos poniendo la Navidad...

Increíblemente, en casa seguimos con la "puesta de la Navidad". El arbolito, el nacimiento y casi todo lo demás, están listos; pero faltan un par de detalles, y limpiar: la mugre de las áreas no decoradas envía vibraciones que estropean los villancicos.

Leyendo "casi todo lo demás" y "áreas no decoradas", podría dar la impresión de que tengo una casa grande, que ahora está llena de adornos... en realidad, yo digo "mi casa", pero es un departamento, que es la parte de arriba de una casa: es pequeñito y tiene pocos muebles; sin embargo, mantenerlo en condiciones decorosas me cuesta como si fuera un castillo medieval. Ya tengo experiencia tomando el ritmo en el quehacer doméstico, pero cualquier cosa fuera de lo ordinario, descompone todo. Santa y los Reyes podrían ponerse de acuerdo, y contratar para mi un empleado doméstico.

Silvia Parque

lunes, 21 de diciembre de 2015

Poniendo el árbol de navidad

Cuando era niña, en mi casa llegaba la navidad el 12 de diciembre, día de la Virgen de Guadalupe. Luego cambiaron las cosas, pero cuando estuve por mi cuenta, me quedé con esa fecha como el arranque de la temporada.

Este año, B y yo estábamos en el rancho grande el día 12, así que mi hogar tuvo que esperar por  la decoración navideña, y cuando volvimos, nos encontró resfriadas: lo que antes habría estado en una tarde, lleva tres días y sigue inconcluso... pero hoy será.

Usualmente no gasto en decorar: reúso y creo. El año pasado hice el árbol con una hoja de papel bond y me encantó; tenía adornos tomados de bolsas de regalo del año anterior, y detalles en verde puestos con marcador. Pero este año se trata de impresionar -en el sentido original del término- a B, así que su papá trajo un árbol más alto que él, blanco con plateado, y habrá esferas de vidrio y luces (sin que falte lo hecho por nuestras manos). Todavía falta un rato para terminar, pero ya hay botas colgadas en la pared, y regalos al pie del árbol.

Silvia Parque

domingo, 20 de diciembre de 2015

Viaje, resfriado, Navidad

El fin de mis vacaciones en el rancho grande coincidió con la intensificación de un resfriado en B. Su resfriado anterior fue como deben ser: unos días de moquitos y de estar pachucha, y tan tan; éste, en cambio, no tuvo consideración, y se envalentonó más con el viaje de regreso.

No sé si ella me contagió algo, pero yo también me resfrié, y si puede ser cansado cuidar a un bebé, cuidar a un bebé enfermo estando enferma, está de antología. Ya nos sentimos mejor, pero tengo un cansancio que duele.

Con todo, han sido días muy bonitos, y de aprendizaje. La "puesta de la navidad" en casa se ha retrasado, pero con suerte hoy estará lista. Es un árbol como nunca imaginé, igual que mi vida; me gusta y me sorprende, igual que mi vida.

Silvia Parque

jueves, 10 de diciembre de 2015

Por acá en el norte

Estoy de nuevo en el lugar donde nací y crecí.

Llegó un momento en el que dejé de pertenecer a este lugar. Nos pasa a muchos, cuando nos vamos de un sitio. Pero también se deja de pertenecer a la gente, a los núcleos.

Un día, una va por la vida sin pertenecer. Una tarde, una se pertenece a una misma.

Silvia Parque

lunes, 7 de diciembre de 2015

Cómo seguir dando pecho entre mordidas, pellizcos y jalones

Como la mayor parte de los bebés al pecho -según he leído-, B comenzó a morderme antes de tener dientes. Como escribí en su momento [AQUÍ y ACÁ], opté por un "no" firme, seguido de retirar mi teta cada vez que lo hacía.

Íbamos bien, creo, y entonces llegaron sus pequeños y afilados dientes... Creí que me mordía con ellos, porque vaya que si son poderosos -le sacaron sangre al dedo de su padre-, pero no: me pellizca, y duele muchísimo. Cundo empezó a tocarme con sus deditos, en vez de solo estar quieta, me pareció lindo; pero ahora intenta manipular la teta de un modo que resulta en pellizco. Con los dientes, la gracias es que si se desprende rápido, me raspa-como-rasgando con ellos. Así que estamos en periodo de condicionamiento. Pero tengo que retirar mi teta muchas veces, y me da pena. Además, no sé si realmente está entendiendo por qué la he guardado; si no lo entendiera, nada más pensará que la ha perdido, así como así... Y luego, ¿cuánto tiempo después la devuelvo? ¿Unos segundos, unos minutos o hasta la siguiente toma? ¿La dejo con hambre? Porque normalmente le doy biberón después de la teta, pero si le doy biberón habiéndosela quitado sin que ella terminara, ¿no dejará de querer mi teta? Mi teta que tantas ganas tiene de darle leche...

Silvia Parque

domingo, 6 de diciembre de 2015

No me gusta

- No me gustan las fuentes saltarinas que conozco, y me disgusta que sean las mismas en cada ciudad.
Casi siempre prefiero las plazas antes de las remodelaciones.

- No me gustan muchas de las estatuas de los espacios púbicos*, aunque me parecen simpáticas casi todas.
Y no me gusta buena parte del trabajo de Sebastián.

- No me gusta el maquillaje de la mayor parte de las mujeres que se saben maquillar, sobre todo el de "ocasiones especiales".
Tampoco me gusta como sale la gente en la mayoría de las fotos del tipo "sociales".

- No me gusta la mayor parte de los poemas que andan por ahí; de hecho, leo muy pocos poemas: suelen aburrirme.
Tampoco me gusta leer libros de divulgación sobre temas en los que tengo formación.

- No me gustan los chícharos, los pimientos, los chiles verdes, la salsa catsup, el pulpo como lo conozco, los moluscos, el coctel de camarones, el menudo, las tripitas, ni la sopa de cebolla.
Aunque lo que llaman "sopa aguada" sí me gusta, prefiero otra cosa, si puedo elegir.
Y no me gusta que el cereal se ablande por remojo.

- No me gusta sentir el cabello húmedo o mojado sobre la piel, ni que el amarre de las cintas de los zapatos quede diferente en un zapato y otro. Y me disgusta sobremanera si se hace espuma al cepillarme los dientes.
Tampoco me gusta estar sin calcetines; aunque haga calor.

Silvia Parque

* públicos, públicos, públicos...

sábado, 5 de diciembre de 2015

Causa, motivo, dirección, sentido

Hay que recordar por qué y para qué.

Hay que revisar los porqués y los para-qués.

En todos los ámbitos. Cada tanto...

Silvia Parque

viernes, 4 de diciembre de 2015

B en reunión

Hoy he tenido una reunión con el equipo de mi mayor cliente, y B nos acompañó, en mis brazos. Había estado en una reunión anterior, pero entonces era muy pequeña, y estuvo mamando casi todo el rato. La verdad es que temía que esta vez se complicara, porque está en una edad en la que de pronto parece tener pulguitas. Pero no: comió un poco de amaranto, tomó un poco de leche en biberón (ya había tenido teta), y platicó un poco cuando tuvo algo que opinar; nada que interrumpiera.

Desde que nació, ha estado presente en la mayor parte de las consultas que he dado. Si hace falta que amamante, lo hago. Mi trabajo es enteramente compatible con su presencia. Espero conseguir que siga así cuando ya no quiera estar en brazos.

Por supuesto, no todos los trabajos -ni todas las tareas de un trabajo- se pueden realizar con un bebé por ahí; pero muchos, sí.  ¿Por qué no normalizar la presencia de mamás con bebés en los ambientes laborales o de negocios?

Silvia Parque

miércoles, 2 de diciembre de 2015

Compromiso con la identidad

Nos comprometemos con nuestra identidad. Es un fenómeno que me ha llamado la atención desde que empecé a notarlo. A veces juega a favor, a veces en contra, según la identidad elegida o impuesta que ha sido asumida.

Oí a Antonio Escohotado decir que se había propuesto ser muy inteligente, y que en el camino realmente se hizo muy culto.

Silvia Parque

martes, 1 de diciembre de 2015

Publicidad engañosa

Ahora que terminará el programa En familia con Chabelo, gente culta con conciencia social le recuerda a los demás que Chabelo en realidad no ha sido "amigo de todos los niños" sino de todas las marcas que anuncia, y denuncia que su oferta de entretenimiento no es más que influencia consumista.

Como con cada señalamiento a programas de televisión, canciones o demás productos chatarra, me pregunto por qué señalan como si hubiera un engaño macabro. Parecen niños de siete años desencantados porque juzgan que han sido engañados con el asunto de Santa Claus. ¡Pues claro que el hombre estaba ganándose la vida! Claro que su programa era un comercial en extenso. Pero se le puede cambiar al canal, se puede apagar la televisión, y/o se puede educar a los hijos.

A mí la cuestión con Chabelo me parece muy clara: te anuncio una marca repetidamente porque quiero que compres un producto, o que lo compren tus papás... Esos papás que deberían enseñarte que no porque alguien diga que es tu amigo, es tu amigo; menos si es un adulto al que nunca has visto en persona.

En el mismo tenor, la guerra contra la comida chatarra busca regular la manera en la que se hace publicidad a estos "alimentos". Entiendo que les parece mal que haya publicidad dirigida a una audiencia infantil. Pero, insisto: en lugar de censurar a los vendedores, ¿no se trataría de que los papás se hicieran cargo? Otra cosa es la publicidad ya engañosa. Porque no considero engañoso que quien te venda un producto, te diga: "es lo más delicioso del mundo y si lo saboreas serás feliz por siempre". Hay un acuerdo cultural tácito por el que los adultos comprendemos que el vendedor exagerará y añadirá propiedades metafísicas a su producto. Como son los adultos quienes deben tomar decisiones sobre lo que llega a los niños, ¿cuál problema con eso? Pero: sugerir que un producto me hará ver simpático es una cosa, y sugerir que es saludable cuando no lo es, es otra cosa. Las radiografías de El poder del consumidor alertan sobre casos como el de Quick o Bonafont Kids, cuya composición los hace no recomendables para niños.

Ayer me topé en Facebook con comentarios sobre Chabelo, y hoy con la información sobre el Quick; pero fue algo más lo que me llevó a escribir esta entrada...

Había estado pensando en cómo los medios digitales facilitaron dar una imagen falsa de las instituciones educativas. Cuando estaba en la universidad, un compañero tomó una foto de la biblioteca, que la escuela utilizó en su publicidad. La imagen hacía que la pequeña biblioteca con recursos modestos, apareciera como grande y surtida. Pero era realmente una foto de la biblioteca, tomada desde el mejor ángulo para cubrir un objetivo comercial. Me parece aceptable porque finalmente, la publicidad se dirigía a jóvenes que pretenden ingresar a una escuela de educación superior; podrán discriminar, se supone. Pero hay otras posibilidades en los medios digitales y las redes sociales. Veía la página de un bachillerato que conozco, y para nada da la imagen de la escuela que en realidad es. Casi por morbo fui a la página de facebook de una estancia infantil en la que trabajé, y tampoco se nota "cómo son realmente". Tal vez no tengan fotos públicas de los niños por respetar su privacidad; pero no hay fotos de las instalaciones o de la comida que sirven. En cualquier caso, eso no era algo que necesitara ocultarse -no estaba mal-; pero el trato del personal, sí; la filosofía real con la que se trabajaba, también -al menos cuando yo los conocí-. Sin embargo, su página se nutre de frases optimistas y de sentencias Montessori. Me imagino a los papás yéndose con la finta.

Dicen en la película "Heredar el viento": "Siempre que veas un algo limpio, brillante, reluciente, con manchas púrpuras, fíjate lo que hay debajo de la pintura".

Silvia Parque

lunes, 30 de noviembre de 2015

Estaba pensando en la ley de Murphy...

El mejor momento para orinar, según B, es el espacio temporal entre un pañal y otro, durante el cambio de pañal. Estaba pensando en la ley de Murphy, pero ella podría hacer otra cosa en ese momento, y eso sí sería malo.

Siempre hay al menos dos modos de ver las cosas.

Silvia Parque

domingo, 29 de noviembre de 2015

Esta madre le tocó a mi hija

Olvidé dar de cenar a B.

Así de simple: lo olvidé.

La clase de cosas por las que a una mamá que se intoxica deberían quitarle a sus hijos hasta que se recupere, rehabilite o lo que sea.

Yo no me intoxico, pero olvidé darle de cenar.

Cómo pudo pasar, no tiene importancia en esta entrada. A lo que voy es a que:

La gente suele decir que las mujeres a las que se nos nota el amor por la cría, y de un modo u otro elegimos ejercer como mamás, somos buenas madres. Alguien como yo, dirá: "bueno, con no ser muy mala me conformo" y parece que es modestia, aprehensión o culpa por culpa de la cultura que suele exigir superpoderes a las mamás. Pero... si hay quienes son mejores que otros para bailar, para organizar fiestas o dibujar planos, también habrá quienes sean mejores que otras en el maternaje.

A ver... hoy he descubierto un rasguño en la pierna de B, que no tengo idea de cómo pudo llegar ahí. Pero esas cosas pasan. A las mamás más cuidadosas se les cae un bebé de la cama alguna vez. Tal vez no a "las más cuidadosas" -espero que no a mí-, pero sí a "las cuidadosas" a secas. No se puede evitar: se falla de un lado o del otro. ¿Pero olvidar dar de cenar?

Si alguien está muy preocupado al llegar a este párrafo, puede tranquilizarse. La leche sigue siendo el principal alimento de mi niña, y de eso tuvo todo lo que pidió, incluyendo una buena dosis de leche materna, que es la gran cosa. Pero de cualquier manera, queda muy mal olvidar su comida. Es la primera vez que me pasa, pero otras veces he tenido otros olvidos de cosas que había que hacer. ¡Y eso es trabajando desde casa, para dedicarme a ella!

Así que: si hay quienes son mejores que otras para lo del maternaje, habrá quienes sean peores, y creo que yo caigo en ese lado de la curva. Me apena, pero no me siento muy mal porque no se puede ser buena en todo, y yo soy buena para otras cosas; por supuesto, cosas que me importan mucho menos que cuidar a B, pero así estuvo la repartición de talentos. Los padres damos a los hijos de lo que tenemos y de lo que somos, y yo aspiro a que B pueda mamar lo bueno que hay en mí. Entretanto, recuerdo a Matt diciendo que luego de la crianza viene la educación, y que de eso hay mucho más; creo que hasta dijo que era más importante. Me siento con muchos recursos para cuando llegue esa etapa. También le pongo "on" a los comentarios de Macondo, y dejo que su mirada se me instale en el corazón para darme la suficiencia de decir con autoridad, que con todo y todo, soy la mejor madre que podría tener mi hija, porque soy su mamá.

Silvia Parque

sábado, 28 de noviembre de 2015

Estampa con letrero

B tiene un letrero con su nombre. El letrero tiene una tortuga. Las letras tienen diamantina encima.

Está en la puerta de la habitación, porque ahí duerme, porque es su habitación también. Lo veo ahora mismo.

La tortuga es tierna, parece tímida. Como cuando B esconde su cara sobre mi hombro (también la esconde cuando vamos por la calle y el sol está fuerte).

Silvia Parque

viernes, 27 de noviembre de 2015

La cereza de la semana


Esta semana fue como una semana inglesa de diez días. Se juntaron dificultades domésticas, inconvenientes varios y emociones económicas. Pero como si todo eso hubiera fermentado un pastel: hubo una conclusión maravillosa. No me gustan las cerezas, pero me gusta la figura de la cereza en el pastel.

El jueves fui a una entrevista para un trabajo. Decidirlo tuvo lo suyo de conflictuante porque mi ideal es trabajar solo desde aquí (en la corrección de estilo); pero he movido con lentitud el negocio y hay que hacer lo que hay que hacer. El caso es que entre preparar papeles que me pidieron, estar lista y la dinámica de dejar a la niña con otra persona, quedé muy cansada. Pero aquí empezó lo bueno...

Supe que no tengo el perfil que busca la escuela que me entrevistó y en el camino de regreso a mi casa o más bien, en camino a la casa donde estaba B, esa idea me llevó a enfocar el perfil que yo busco. Porque siempre he sido bendecida con oportunidades que cubren el perfil que yo defino. Ahora, si voy a trabajar fuera de casa, quiero que sea en un lugar cercano y accesible, con un horario cómodo y a cambio de una remuneración más que justa, en un ambiente de animación intelectual. Dios siempre me ha privilegiado en estos asuntos y vuelvo a colocarme en mi lugar. En otras palabras: desperté.

Pensé, también, en hacerme publicidad pegando cartelitos aquí y allá, en diversificar el servicio y otras cosas.

Entretanto, la niña pasaba un muy mal rato. Al menos fue confortada con empatía y paciencia. Alguien me dijo que seguramente tenía yo más angustia que la ansiedad que tuviera ella. Respondí, dándome cuenta al decirlo: que no. Sufrí bastante al decidir que la cuidara otra persona -de toda mi confianza-; pero una vez puesto en marcha en plan, no sufrí, ni me preocupé. Lo que sí fue penoso fue el momento de oír sus gritos desesperados, a muchas casas de distancia, cuando iba a recogerla, pero no fue un pesar agobiante, aplastador. Ya con ella, camino a nuestra casa, supe que nos adaptaremos como familia a lo que vaya a pasar.

Quien me dijo que "seguramente tenía yo más angustia..." fue una de mis dos visitantes de hoy. Esa fue la cereza del pastel.

Estaba yo en este viernes cansado, con la casa hecha un desastre nivel manchas de comida en el piso, cuando recibo una llamada de una amiga que no veía hace meses. Me pregunta si estoy en casa. Le digo que estaré encantada de verla, escondo el tiradero en la recámara y me sorprendo con que llega primero otra amiga, que no veía hace más tiempo todavía. Se habían puesto de acuerdo, pero para ilustrar el tipo de persona y de visita, mencionaré que su acuerdo pasó por considerar traer café preparado, para no ponerme a calentar agua. De esas personas que una se pregunta qué hice yo para merecer esto y no queda más que agradecer a Dios.

Pasé un momento delicioso. Y terminé de despertar. Me dejaron verme en su mirada, que entre otras cosas cubrió de valor mi tiempo dedicado a la crianza. Una de ellas se ofreció a pegar cartelitos en X lugares para ahorrarme ese ir y venir. De ese tamaño. Así ha sido, así es y así va a ser mi vida. No por mi mérito sino por el favor de Dios. Cada vez que entro en la lógica de los demás, lo olvido y pierdo mi sendero. Así que como decía: vuelvo a colocarme en mi lugar.

Es una etapa diferente. Toca hacer lo que me toca con toda la mano. Me mueve la dependencia de B. Es como si durante años hubiera fluctuado entre dejarme llevar por la corriente en una zona de confort y luchar contra corriente usando las uñas para atravesar una pared, con etapas en medio durante las cuales hago lo que me corresponde bajo la gracia y me va bien. Voy a instalarme ahí: en eso de hacer lo que me toca bajo la gracia.

Silvia Parque

jueves, 26 de noviembre de 2015

Sabes que los mayores tienen una vida, cuando te haces mayor

Un viejo es alguien 15 años mayor.

Creo que aunque sepamos que cada cual es protagonista de su vida, de algún modo suponemos que la vida se trata de los que están viviendo lo que se vive en la juventud. Hasta que ya no estamos en "la juventud". Porque ya se sabe que la jovialidad no está en la edad, pero hay un momento en el que dejas de calificar para programas dirigidos "a jóvenes": ese momento en el que empiezas a contratar los servicios de personas que apenas nacían cuando tú estrenabas el primer empleo... Entonces, cuando vives con canas y sigues teniendo conflictos, pasiones, saltos mortales y demás, te das cuenta de la vida llena de "asuntos" que tienen las personas con quince, veinte o cuarenta años más que tú. Al menos, eso me ha pasado últimamente. Noto cuánto no los había visto.

Silvia Parque


miércoles, 25 de noviembre de 2015

Día de la no violencia contra la mujer

Hoy fue el día de la No-violencia contra la mujer. Tal vez en muchos lugares no tenga sentido, pero en Querétaro, definitivamente sí. Aquí las violencias contra las mujeres no hay que interpretarlas con mucho criterio, son evidentes.

Oigo con frecuencia que los hombres también pierden con esta organización machista del mundo, y aunque en principio es verdad, y hay casos y cosas que deberían examinarse con cuidado, me suena como cuando trabajaba dando clases en un jardín de niños y me negué a pintar (paredes) un sábado de vacaciones. Habíamos ido a algo así como hacer cierre del ciclo, y se entiende que limpiaríamos nuestras áreas de trabajo. La dueña quería que pintáramos paredes y no me pareció bien; me dijo que también ella se había levantado temprano, y que había llegado antes para empezar a pintar. Yo no respondí por respeto; pero no pinté y me fui. Sí: ella iba a "hacer equipo" con las demás empleadas, que recibíamos un sueldito sin prestaciones, pero el negocio y el patrimonio que representaba era suyo, las ganancias eran suyas.

Silvia Parque

martes, 24 de noviembre de 2015

Ablactación con inspiración del método "baby led weaning"

Como he comentado en otras entradas, yo tenía la idea de alimentar a B solo con leche materna, sus primeros 6 meses; pero se le dificultó mamar y se desnutrió, por lo que nos servimos de la leche de fórmula; primero con jeringa, y después con biberón. Durante un periodo muy breve, intenté extraerme leche, pero B hacía tomas muy largas y frecuentes, de modo que se habría tratado de que el tiempo en que yo no estaba dando de comer, estuviera sacándome leche y/o lavando implementos del extractor. Como saben las mamás que sí hacen esa labor: superadas las primeras semanas, cada extracción habría sido más rápida y abundante; pero me rendí. Afortunadamente, no se redujo mi producción de leche, ni sus ganas de prenderse; seguimos con lactancia mixta, y ahora que está fuerte, mama que es un gusto.

Exactamente el 18 de octubre, el día en que cumplió seis meses, empezamos la ablactación. Yo quería usar el método "libre de papilas", pero según mi entendimiento, B no calificaba porque todavía no permanecía sentada sin apoyo (y todavía no lo hace), así que tuve claro que, como en todo, habríamos de hacer adaptaciones; han sido tantas, que no puedo decir que sigo el método, pero sí que me inspiro en sus principios.

Empezamos con calabacita. Era un domingo después de la Iglesia. Yo estaba de lo más emocionada, pero ella no mostró interés en el primer momento. La misma niña que se metía -y se mete- todo a la boca y que nos miraba comer con cara de huerfanita hambrienta, no mostraba ningún interés en la muy escogida, tierna, cocida y finamente picada calabacita. Entonces hice lo que no hay que hacer: me senté en posición de mamá alimentadora, tomé un trocito y lo acerqué a su boca, una vez, y otra vez y otra vez, hasta que caí en la tentación e intenté meterlo. Tuve que aceptar que mi fiesta no era su fiesta. La siguiente vez, el mismo día, fui menos intrusiva y creo que llegó a medio probar algo. Pero el día siguiente fue maravilloso. La puse en mi regazo, frente a la laptop, dejé la calabacita cocida, entera, a su alcance, en la mesa; me ocupé de mis cosas, y ella, naturalmente, llevó su boca hasta la comida (la boca a la comida, sí, como perrito). De ahí pa'l real, he comprobado que le gusta controlar su alimentación, y me parece perfecto.

No me preocupo si come poco, porque su principal alimento sigue siendo la leche, pero sí me interesó asegurarme de que comiera algo; si la dejo por la libre, hay "platillos" de los creo que comería tan poco que sería prácticamente nada. Sé que con el tiempo, lo conseguiría, pero ¿ese gramillo que lograra caer al estómago, contaría como haber probado el alimento? Así que sí preparo papillas, siempre dejando "textura". Me decidí a hacerlo porque con algo, creo que con la zanahoria, ella mostraba un animado interés por comer más de lo que estaba logrando comer. Me pareció que se frustraba, y en cambio, disfrutó mucho el machacado. Antier que comió manzana procedimos así: le presento la manzana entera, con cáscara, y ella la toma, la observa, la gira y se la lleva a la boca. Luego, le ofrezco una mitad de manzana, y ella succiona; toma el trozo por sí misma, lo manipula, y se lo lleva a la boca; muerde con la encía y come; pero se le escapa con facilidad, así que acepta que lo sostenga en mi mano para succionar y/o morder (vi por primera vez la huella de su primer diente). Al rato, raspo manzana con una cucharita y se la voy dando. Cuando pierde interés en la manzana, dejo que tome la cuchara, y le pongo montoncitos de manzana raspada sobre la tabla de su mesa. Come de una diversidad de maneras, algunas menos escandalosas que otras -en cuanto al batidero que queda-.

Seguimos el orden que nos recomendó la pediatra: verduras, frutas, cereales, leguminosas y carnes, cada cosa unos dos o tres días para notar si algo hace barullo. Cambié lo de dos o tres días, por uno o dos días, y no me privé de darle una probadita de esto o aquello, el par de veces que me acompañó a almorzar fuera. La carne, después de que la probó sola, se la di con vegetales que ya había comido, para que le supiera mejor. No le doy nada que yo no me comería; de hecho, siempre se me antoja lo que le doy. No quiero alimentos procesados comerciales porque no confío en ellos, no me gustan sus texturas, son más caros, me ilusiona hacer yo su comida, y sobre todo: a excepción del Gerber de manzana, no me resultan nada apetecibles: hasta me han dado asquito los que son de carne (en cambio, mi preparado de pollo, y mi preparado de res, olían delicioso y sabían de lo mejor).

Hasta ahora, B come dos veces al día, y sigue tomando leche a libre demanda. Intento servirle cuando no tiene hambre, para que se trate de una experiencia más de conocer, que de satisfacer una necesidad física. Le repito el nombre de lo que está comiendo, y damos gracias. Creo que ambas la estamos pasado bien, con los inevitables momentos de estrés porque algo fue difícil de tragar y las emociones fuertes cuando se "quema" un poquito, o lo tira todo. Pero es un placer verla reaccionar a lo nuevo: siempre pone cara de una extrañeza que al principio yo interpretaba como disgusto; puede mantener ese gesto mientras se saborea, pedir más y volver al gesto. ¡Y qué bonito es verla pedir más! Hace la cabeza hacia adelante y un sonido como "mm mm" que evidentemente es "más-más". Es asombroso verla domar sus brazos, sus manos y sus dedos. Es increíble toparme con su idiosincracia y su voluntad...

En eso estamos.

Silvia Parque

lunes, 23 de noviembre de 2015

Muy propia

Hoy mi B estuvo especialmente demandante. A veces, cuando lloriquea por algo que nos parece "nada" o "cualquier cosa", le decimos algo como "qué bárbara, B, hasta pareces una bebé de X meses". Y así se portó hoy, como toda una bebé.

Silvia Parque

sábado, 21 de noviembre de 2015

Si yo fuera...

Si yo fuera la dictadora del mundo, les obligaría a tributarme flan con caramelo, haría que Nestea y Coca-Cola volvieran a sus sabores originales, y que el chocolate Crunch regresara a la vida, como era en un principio. Pero no lo soy, e incluso debo lavar los platos cada día, y cuando no barro ni trapeo, el piso está todo sucio.

Silvia Parque

viernes, 20 de noviembre de 2015

El peor defecto

Me parece bien que en las entrevistas de trabajo, la gente use esos clichés de "soy muy perfeccionista" y "a veces soy demasiado honesto" como sus peores defectos. No se le puede pedir a nadie que se ponga una soga al cuello, y el entrevistador sabrá escuchar lo que necesite saber. Pero me desagrada el discursito fuera de ese contexto. No pueden decir: soy inseguro y mi neurosis me hace postergar el final de una tarea, de modo que a veces echo a perder las cosas; no pueden decir: no tengo criterio ni autocontrol para saber cuándo quedarme callado o cómo decir las cosas de la manera apropiada a la situación; no: salen con eso del perfeccionismo y la honestidad, con tonito de norrompounplato.

Otros típicos en la lista: "me entrego demasiado", "confío en toda la gente"...

Silvia Parque

jueves, 19 de noviembre de 2015

No, gracias

Un día, alguien me ofreció un abrazó y no lo acepté; es algo para recordar porque ni me ofrecen muchísimos abrazos, ni recuerdo haber rechazado algún otro. Esa misma persona me contó cosas, digamos, que no se le cuentan a todo el mundo, y ofreció contarme más, pero le dije que no quería escuchar. Lo tengo en mente por algo que no tiene nada que ver, pero que lleva a lo mismo: no tenemos que aceptar todo, aunque sea bueno, aunque se ofrezca de buena voluntad.

Silvia Parque

B come

B sigue tratando de comer todas las cosas a su alcance, con predilección por los empaques plastificados y los objetos que puedan considerarse foco de infección, amenaza para los ojos o para la respiración (no dejo que coma esas cosas, pero ella lo intenta); entre sus juguetes, ama comer un espejo que cuelga de un cojín de medialuna, y la etiqueta de un hipopótamo (las etiquetas, en general, le gustan mucho). En el último mes, empezó a tratar con más insistencia, de comer partes del cuerpo de otras personas.

Por lo demás, ya ha incluido en su menú: calabacita, zanahoria, jícama, pepino, berenjena, camote, manzana, pera, plátano, jugo de naranja, pan blanco e integral, tortilla, papilla de arroz, papilla de maicena, frijoles y caldo de frijol, lentejas, papaya, tomate, pollo y caldo de pollo; algunas cosas con más éxito que otras. Su pediatra lo único para lo que indicó esperar a que cumpla un año, es para los mariscos (de cualquier forma, no son comunes en nuestra mesa). Estamos "usando" una adaptación del método baby wed leaning y nos va muy bien.

Silvia Parque

P.D. También toma toda el agua de la bañera que puede.

miércoles, 18 de noviembre de 2015

Los hombres y la pipí en los baños compartidos

Estaba buscando algo en Google imágenes, y no sé por qué apareció un letrero con el dibujo de un hombrecito de palo orinando, en tres intentos fallidos de atinarle al inodoro; debajo decía:

 "Recuerda que también entramos mujeres al baño. Atínale". 

Cuando iba a clases de teatro en la Casa de la Cultura, en el baño había un letrero menos gracioso y más amable, solicitando a los caballeros hacer "uso apropiado de", con el mismo recordatorio de que también las mujeres usaban ese baño.

¿Pero qué tiene que ver que también entren mujeres? Es decir, ¿a los hombres no les molesta encontrar gotitas o charquitos de orina? Entiendo que ellos no se van a sentar, y eso le quita diez rayitas al nivel de lo desagradable que puede ser que haya pipí por ahí. Pero, ¿no les molesta, de todas formas?

Silvia Parque

Siete meses

Hace siete meses, nació B. Yo no estaba lista, a pesar de los meses de espera y los años de deseo. Sabía que era un regalo de Dios, pero no había dimensionado cuánto no la merecía. Llegó y se reveló otra, no la que yo había pensado, aunque sí a quien había estado amando. Con cada mes se muestra más ella, y me encanta; sé que podrá rebelarse a la niña de nuestro ensueño para ser la mujer que le corresponda ser.

Cada cumplemés la felicitamos, pero hoy me felicito más a mí misma. Ayer salimos, y no le llevé un biberón, así que pasó un rato de hambre; todavía no tiene un mueble apropiado para su ropita; ya deben ser semanas de retraso en la siguiente vacuna que le toca; así que no me felicito por mis logros, ni mucho menos; me felicito por ser tan enormemente afortunada.

Silvia Parque

lunes, 16 de noviembre de 2015

Es que mayor crédito no es tener más dinero

En lo pequeño y en lo grande, en lo superficial y en lo profundo, abundan ejemplos de juicios que se hacen a "algo", por cómo resulta para "algo" que no era su objetivo. A menudo, porque ese "algo" se ha ofrecido tendenciosamente como respuesta para "algo" que no puede responder.

- Un batido de proteínas se supone que es la solución a los problemas de peso, de personas que tal vez tengan un problema de volumen -o de autoestima-, y nada más es un complemento alimenticio.
- Un estudiante hace investigación cuantitativa suponiendo que va a encontrar el sentido de un comportamiento, y nada más obtiene correlaciones entre variables.
- Una persona se entrega incondicionalmente y por completo, a la locura de amor que era pura sensación para tener un recuerdo interesante.

Silvia Parque

Viajar, pintar, tener sexo, amar, conocer, vender, socializar...

Creo que la pasión a la que te entregas al iniciar la juventud, después de la adolescencia, ya no la puedes dejar; tal vez la puedas transformar en otra cosa o mantener bajo resguardo, pero te habita para siempre. Por eso es vital la decisión de qué hacer luego del bachillerato (preparatoria, instituto...); no se trata de en qué vas a trabajar, ni de qué beneficios prácticos te traerá esto o lo otro, sino de cómo se marcará tu vida. Pero parte de lo mágico es que no lo sabes, aunque lo supieras.

Silvia Parque

viernes, 13 de noviembre de 2015

¿A dónde te llevo?

Hoy, explorando el TT #PrayForParis, encontré un tuit que menciona a París junto al Líbano y Bagdad, donde otras decenas de personas acaban de morir a manos de otras personas (el tuit también menciona el terremoto en Japón, pero eso es diferente). Antes que otra cosa, lo primero que pasó por mi cabeza fue: "¿A dónde te llevo?" No es que tuviera pensado ir a París, al Líbano o a Bagdad; no es que tema que algo pase afuera de mi casa, tampoco; pero tuve la impresión de que el mundo entero era un peligro y yo no podría ser el mundo para B, cuando tuviera que dejar de tenerla en brazos.  La impresión se pasó, pero con la cabeza fría: sí andamos por mal camino, como humanidad. A los tuits de conmoción por los atentados en París, les siguen, como siempre -y qué bueno-, los que recuerdan que todos los días se dan eventos igual de terribles en otros lugares: lugares que no importan.

Hace días, a propósito de que escribí sobre mi deseo de que B no crezca en México, Matt comentó que le hubiera gustado que explicara por qué. Es porque México no es un buen país para vivir, y menos para una mujer. No me gusta verbalizarlo y menos dejar registro de que lo he verbalizado, por lo siguiente:

1. Así, sin contexto, es desagradecido, viniendo de alguien que ha sido privilegiada en todos los sentidos.
2. Parece desatender el hecho de que Dios está en todas partes. *repetir el punto 1*
3. No hay comparación entre la mayor parte de México, y algunos lugares en guerra o paupérrimos; incluso, nuestro remedo de democracia y de libertad de expresión es mejor que lo que se vive en varios lugares.

Sería mejor  decir que "México no es un buen país para que viva mi familia, aunque es un maravilloso lugar para millones de personas: otras". Yo no quiero estar en un lugar donde el gobierno le dice a los ciudadanos que "ya chole con sus quejas". Aquí el desgobierno, el valemadrismo y la corrupción se viven en la médula de las instituciones. Dejan mucho que desear el sistema educativo y el sistema sanitario. En cuanto a cultura... me entiendo mejor con personas de otros países, o con mexicanos que no son como la mayoría. Eso último queda muy mal, pero así es. En el norte, la gente es franca y leal, pero también de mecha muy corta, y progre enceguecida; en el centro perviven discriminaciones del siglo XIX y miseria que supura envidias.  En donde se viven o se han vivido olas de violencia, la descomposición social es de dar miedo.

Vivo en uno de los estados más seguros del país, y hace poco me dijeron "se están llevando muchachas de acá arriba", como quien dice "han estado robando tapones de coches en la otra calle". No hay día que no aparezca en Facebook o Twitter, que otra mujer se ha "perdido". Mi niña está segura, pero no quiero que crezca con eso alrededor. Allá lejos son terroristas, acá son los militares, o quien pueda imponerse.

Silvia Parque 

jueves, 12 de noviembre de 2015

No hay espacio para la locura en la maternidad

Estuve loca cuando mi vida se puso muy caótica. Mi analista me envió con el neurólogo, que diagnosticó Trastorno de Ansiedad Generalizada. Tuve suerte de tener contención profesional porque meses después, mi vida caótica se iba a fragmentar en pedacitos de corazón "podrido de latir" -como diría Sabina-. Pero ya era complicada desde antes, desde niña. Así las cosas, cuando llegué a la salud mental y la paz del alma, llegué a las que podía tener siendo yo; o sea, que tengo mis cosas...

Me eriza la psique dejar algo a la mitad. Soy muy buena para posponer; puedo dejar proyectos importantes a la mitad, a la cuarta parte o recién comenzados, pero que nada interfiera con una tarea específica porque me comerá el cerebro hasta que vuelva a ella. Peor si la interrupción fue por algo inesperado. Lo inesperado y yo no somos los mejores amigos. Suelo trabajar abriendo varios frentes: paso de un archivo a otro para despejarme de uno, avanzando con otro, y eso me da espacio para pensar; pero dejar un párrafo a la mitad para contestar un correo urgente, puede ser muy disruptivo para mí. No soy multitarea. Para nada.

Tampoco soy multiestímulo. No puedo atender un sonido ambiental, una voz que le habla a alguien, una voz que me habla a mí, luces de colores, sensación de humedad, y permanecer de buen humor. Aunque sepa que la "voz que le habla alguien" no está requiriendo mi atención; aunque el sonido ambiental haya sido originalmente agradable. Si llegué al límite de los estímulos que puedo manejar, esa voz y ese sonido pueden resultar como la gotita de agua que tortura a quien quiere dormir; en ese punto, cualquier cosa que vea, huela o sienta, puede ser demasiado.

También soy quisquillosa. Si quiero un pastel de chocolate, no quiero una galleta de chocolate, no quiero un pastel de nuez, no quiero nada más que exactamente lo que quiero; puedo cambiar de querencia, eso sí, pero no puedo hacer pasar una cosa por el satisfactor deseado si no lo es. Y tengo aversiones nivel "me da algo". En el top se encuentra la aversión por la sensación del cabello mojado sobre mi piel; mío o ajeno. Está bien mientras estoy mojándome, es tolerable mientras está empapado... pero cuando pasa de empapado a mojado y de mojado a húmedo.- me pone mal. Lo siguiente en la lista es el sabor de la pasta dental, y mil veces más, la sensación de espuma que hace al cepillar los dientes.

Así he vivido. Hasta que tuve una hija.

Un hijo te cambia la vida, dicen. Y te cambia la vida, en efecto.

No volverás a dormir igual, no volverás a comer igual; ya nada es lo mismo, dicen. Y ya nada es lo mismo.

Entre las novedades: no hay espacio para la locura.

He interrumpido mi baño para amamantar a B, con el cabello mojado cayendo sobre mis hombros, todo el rato que come, más el ratito que se queda en brazos después de la toma. He interrumpido mil cosas, cada día -incluyendo un corte de cabello-, porque los bebés tienen sus propios tiempos y necesidades, que no son los de una. Más que nunca, lo inesperado es lo único de lo que puedo estar segura. He hecho planes perfectos armonizando el trabajo, la vida social y el cuidado personal, para decirles adiós porque B entra en "brote de crecimento" o por cualquier cosa. Ahora, comer frío significa comer, y es suficientemente bueno. Y nunca valoré tanto un rato para cepillarme los dientes.

Todavía tengo que desconectar con todo alrededor para atravesar por los ratos de llanto, que objetivamente ni son muchos, ni son para tanto, pero que a mí me... sitúan en un área de oportunidad en mi desarrollo personal. Es algo a lo que hago espacio con amor, porque si no reconocemos nuestros límites, nos lastimamos -así que algo de espacio hay que dejarle a la locura, finalmente; uno regular, donde quepa bien-.

En metafísica se dice que escogemos a nuestros padres como maestros de lo que nos toca aprender. ¿Qué estaría pensando mi niña?

Silvia Parque

miércoles, 11 de noviembre de 2015

Chocolate semi-amargo de Michoacán

He estado tomando chocolate caliente, gracias a que una persona amable trajo a mi casa una buena dotación de tablillas de chocolate de Michoacán. Ahora que fui a ver cómo se llaman para escribir esta entrada, vi que ya se fue a la basura la etiqueta. Pero es la gran cosa: una barbaridad.

Yo solo conocía el chocolate de mesa de marcas comerciales muy conocidas, sobre todo el Abuelita (que fue de La Azteca y hace tiempo es de Nestlé). Justo hace unos días, de vacaciones, tomé unas tazas de chocolate Abuelita, y la última batallé para terminarla porque me pareció muy dulce; el que disfruto ahora es semi-amargo y me parece mucho mejor así: no le agrego azúcar.

Silvia Parque

lunes, 9 de noviembre de 2015

La pérdida de la capacidad de autorregulación

Yo creo que nacemos como animalitos con cuerpos que todo lo saben: salimos del ambiente acuático y respiramos, nos ponen un pezón cerca y succionamos, incluso se ha documentado que un recién nacido es capaz de reptar hasta encontrar la teta de su mamá. Así las cosas, la alimentación a libre demanda se basa en la idea de que el bebé sabe cuándo y cuánto necesita comer. Yo he alimentado a B con ese principio, y así manejamos también el sueño. No hay "hora de dormir", aunque más o menos a las 10:00, hacemos ambiente de noche: apagamos la mayor parte de las luces, bajamos el volumen, y ya no jugamos escandalosamente. Hasta hace un mes o poco más, eso era todo; ella dormía cuando le daba sueño, casi siempre después de alguna de sus múltiples peticiones de comida: no la "poníamos a dormir". Yo recordaba que a mi sobrina -un año mayor que mi niña- había que dormirla, pero pensaba que eran efectos de la diferencia en la crianza. Ahora, sin embargo, B se pone latosilla por la noche, y he concluido que es porque tiene sueño; quiere comer, pero no, pero sí, ahora no, ahora sí; queja, un poco de lloriqueo, y finalmente se prende a la teta para quedarse dormida. Entre los "no-sí-queja-etc.", le calma que la carguemos con arrullo, en un acompañamiento que se ha convertido básicamente en una "inducción al sueño"... le ayudo a dormir, pues; parece que ya no gestiona sola su sueño. ¿También dejará de autogestionar sus cantidades de comida, ahora que no solo toma leche? Como se ha sentido mal por esto o por lo otro en este mes de conocer comidas, el que coma mucho de lo que le gusta ha pasado a ser sospechoso...

Silvia Parque

Alucino el llanto de B

Muchas cosas han ido pasando en mí a lo largo de estos primeros meses de B. Una que no creí que iba a pasar, es la necesidad de comprobar que respira cuando duerme. La terrible muerte de cuna va siendo menos probable conforme crece la cría, y sin embargo, yo no tenía esa necesidad de comprobar la respiración de B cuando nació: la fui teniendo semanas después, y fue creciendo junto con la niña. Casi no me pasa de noche, porque duermo, pero cuando sus siestas se alargan, necesito ir a ver que "todo está bien"; a veces la toco para que se mueva.

Lo más loco es que escucho su llanto cuando no está llorando. A veces, pasa que es el bebé vecino de abajo, y tardo unos segundos en convencerme de que no es B, a pesar de que evidentemente el sonido no está en la casa. Pero puede ser cualquier otra cosa. Se llama "ilusión" al fenómeno psicológico por el cual una cosa se nos figura otra. Yo tengo ilusiones del llanto de B con ladridos y aullidos de perros, con sirenas, con el aire, con canciones y cuanta cosa. Pero a veces, de plano es alucinación. Hay solamente silencio, y yo la escucho. ¿Habrá más madres alucinadas? Debe ser un fenómeno con nombre.

Silvia Parque

sábado, 7 de noviembre de 2015

Dejar algo a lo que estamos apegados

Si es difícil dejar algo a lo que estamos apegados, aun cuando ese "algo" sea evidentemente dañino, o el contacto con ello sea consistentemente doloroso, puede ser muy difícil dejarlo cuando se trata de algo que no parece hacernos daño, que muchas veces nos hace sentir bien... o que cuando nos llega a hacer sentir bien, nos hace olvidar cuánto nos hizo sentir mal.

Silvia Parque

Cafca y pesadilla

Ayer vi con B, el comercial japonés que calma el llanto de los bebés [AQUÍ]. Funciona que da miedo. Y es que no "calma" el llanto, sino que lo termina. Empezaba B el lloriqueíto de que iba a llorar, iba yendo a más, cuando pongo el comercial, y no es que haya sonreído y cambiado de ánimo, no, salieron de su ser unas dos o tres expresiones de "quiero llorar", ¡pero no pudo! Se quedó embobada con el video; cuando terminó, volvió su lloriqueíto de "quiero llorar", y ya me parecía a mí que debía darle espacio a su llanto, pero no pude resistirme: volví a ponerlo, y lo mismo, pero más instantáneo y ella embobada. Traté de darle pecho, pero ella volteaba a ver la imagen. Y lo hice de nuevo. Subsumida totalmente. Pero no tenía cara de feliz, complacida o relajada, solo de subsumida en el extraño mundo de Cafca.

No creo que vuelva a hacerlo. Yo creo que el llanto hay que respetarlo. Claro que prefiero que B no llore, por ella y por quienes la oímos; pero el caso no es callarla, sino atender la demanda para que se pase su malestar. No obstante esa intención, los niños, a veces lloran, y en ese caso, pues hay que acompañar. Es increíble que haya que repetirlo, pero: los bebés no necesitan ejercitar sus pulmones llorando. Y no: los bebés no lloran porque sí: lloran porque se sienten mal, aunque eso a veces no sea ni por hambre, ni por frío, ni por dolor... es decir, tal vez se sientan mal por algo tan imperceptible o incomunicable, que hay que decir que se sienten mal porque sí, pero se sienten mal.

El caso es que el comercial me da miedo. Tal vez es la causa de la noche de pesadillas que he tenido (aunque B duerme como la bendita que es).

Me cuesta mucho narrar mis sueños, así que solo mencionaré algunos puntos importantes.

Primero, iba a haber un toque de queda; yo tenía dos opciones de casa para quedarme, una de ellas, en lo que en el sueño era la casa de mi abuela; el papá de mi niña está entre quedarse en un sitio o el otro; al final yo abro muchos gabinetes de la cocina, y él se queda en otro lugar; cuando se va yendo, le recuerdo que hay toque de queda, y empiezo a sentir preocupación. Antes de la hora, salgo al patio de la casa en la que estoy; hay más gente; llegan unos soldados con armas largas, y apuntan a varias personas, con toda calma, como jugando; eso no me gusta y como que voy a irme, pero no puedo; ellos acomodan a las personas para tomar una foto como si fuera un ataque; hay maniquíes; alguien dice "qué fraude"; yo estoy por irme, pero no puedo [debo estar influida por El ángel exterminador]; los soldados hacen que las personas vayan a una esquina, todas juntas, yo voy hacia allá para no significarme, pero ya estoy a unos metros de todos, y se me acerca una mujer que no había aparecido en el sueño, pero es de ellos; va a inyectarme; trato de evitarlo pero no puedo; un hombre negro me hace señas: tengo un hilo largo enterrado de una aguja; no sé si puedo sacarlo. Creo que lo saco pero ya he estado sedada, o no sé qué. Los soldados salen y todo en el patio medio se va recuperando, la gente va despertando; yo salgo también, los veo andar por ahí. Creo que voy a la otra casa donde tenía opción de estar. Falta menos tiempo para no poder estar en la calle. No sé si llegó la hora, pero la gente hace filas para entrar a algún lado; hago una fila, pero están entrando a sitios más oscuros que cualquier oscuridad que haya visto: no se ve absolutamente nada, como entrar a un hoyo negro de oscuro, supongo; así son todos los lugares a los que entran. Ya casi todos han entrado a algún lado, y yo sigo buscando; hay lugares medio no tan oscuros abajo de algo, arriba de algo, y no sé si alguien dice o piensa "aquí es donde primero van a venir", y oigo un gruñido como si ahí estuviera una criatura. [Tal vez es un eco del recuerdo de un león e B, que ríe, gruñe y gatea.] Porque los que "van a venir" son criaturas terribles. Le pido permiso a un oficial para meterme a un coche estacionado. Dice que no necesito permiso y me meto. La dueña está afuera con un arma y de algún modo nos entendemos Yo pongo los seguros por si llegan las cosas esas, y pienso que a ella le abriré rápido, pero los vidrios se empañan de vapor: la yo protagonista cree que ella quiere entrar y la yo espectadora sabe que es ella, pero el monstruo está ahí y si abro, va a entrar. Me parece que la mata porque la he dejado fuera de su propio coche. Ahora estoy en una habitación, con un bebé, pero no soy yo: hago el personaje. Unos tipos vulgares quieren entrar por algo suyo, es como si fuéramos amigos de mucho tiempo; yo pregunto si van a quedarse; quisiera que me protegieran; pero no van a quedarse; entonces quiero cerrar la puerta, pero uno de ellos me hace perder el tiempo sin dejarme cerrar; sé que ya van a llegar los malos y me da coraje. A cada momento, el espacio entre la puerta y el marco de la puerta es más grande. Volteo a ver al bebé que he dejado sobre la cama. Rebobino el sueño para dejarlo más al centro de la cama y que no se vaya a caer. Todo el sueño he estado rebobinando, para tratar de librarla. No tengo puerta, y llega la criatura; sería un monstruo muy serie B, y hasta medio tierno. Tiene el toque de La tiendita de los horrores, con boca del comercial de Cafca. Lleva un arma larga con la que apunta hacia nosotros, pero yo le aviento una silla y le hago perder el arma; le aparece un azadón en lugar del arma larga, y a mí vuelve a aparecerme la silla; él o ella avienta el azadón y yo volteó a ver al bebé, que no veo pero sé que está bien; otra vez le aviento la silla, que al mismo tiempo continúa en mi mano. Lo golpeó con ella y se la entierro en el pecho. Parecía un monstruo lento y bobo, pero tal vez fueran muchos, tal vez fueran terribles, y tenía un arma.

Así que maté a dos seres vivos por la noche. Cuando era más joven pensaba que si estaba en medio de una inundación, me dejaría llevar por la corriente esperando ser rescatada (también solía pensar que con seguridad sería rescatada). Hace un par de años, pensé que no, que intentaría ponerme a salvo. Ahora creo que me pondría a salvo.

Silvia Parque

jueves, 5 de noviembre de 2015

Mientras duerme la bebé

B duerme unas dos veces al día; a veces solo una vez. No cuento las siestas ligeras de unos cuantos minutos que suele disfrutar después de comer. Es un excelente momento para todo lo que no puedo hacer con ella demandando atención. Ya había escrito sobre esto porque es todo un caso: ¿cómo elegir qué hacer en ese momento? ¿Lo que debo, lo que quiero, lo más necesario?

He descubierto que es mejor hacer lo que quiero que esté mezclado con lo necesario. Lo que debo, de cualquier modo lo haré, y si se trata de trabajo es mucho más productivo dejarlo para la noche, cuando ya puedo disponer de horas. No obstante, lo que más suelo querer y necesitar, es comer y bañarme: sobre comer aplica lo mismo que sobre las tareas de trabajo: eso de todas formas lo voy a hacer, aunque B llore... excepto si está malita, como ayer, pero que esté malita es una excepción; sobre bañarme, ni hablar: no quiero que despierte, me llame, y yo no pueda llegar rápido con ella, o peor, no oirla llamarme. Así que el querer necesario ganador es recoger y limpiar. Pero hoy estoy agotada, y me quedo aquí otro ratito, con helado de galleta.

Silvia Parque 

Se puso malita

Cuando B estaba recién nacida, quien era su pediatra dijo que la alimentara a libre demanda, pero que no dejara que pasara tres horas sin comer, ni le diera antes de una hora; aunque yo me había informado bien sobre lactancia materna, seguía drogada y vulnerable, y le hice caso, aun oyendo llorar de hambre a mi niña, porque pedía comer más o menos cada cuarenta minutos. Eran veinte minutos terribles, cada vez. Se fue resignando a que no le daríamos sino pasado el tiempo estipulado, y se desnutrió. No sobran jamás esos miles de mensajes de: "mamás, sigan su instinto". Sé que no existe el "instinto materno" como tal, pero sí la intuición, sí la sabiduría evolutiva, sí la capacidad de sacar conclusiones lógicas cuando has entendido algo y ves que agua más harina te da engrudo. El médico, en realidad, no era displicente en cuanto a la salud de B; pero su prevención era indicar complementar con fórmula si la niña se quedaba con hambre, y con esa lógica se habría ido al traste nuestra lactancia. Aquel fue el primer llanto de "me pasa algo malo"; al menos lo pasó en brazos y con mucho apapacho. Me apena cómo tuvo que rendirse. (Sobre su nutrición: cambié de pediatra, consulté a mi asesora de lactancia, y se puso remedio.)

Hace poco, tuvo febrícula. Una gripita de nada que para nosotros fue temible. Le tengo miedo a las calenturas de los niños, porque se me vienen a la mente historias de bebés a los que prácticamente se les coció el cerebro. La verdad es que empezó a estar calientita, estando bien de lo demás, pero cuando le medíamos a temperatura, juzgábamos que esa medida era "normal", y nos despreocupábamos; unas tres veces pasó eso; a veces estaba llorando, pero la consolaba, se dormía, y yo muy campante porque había descartado que hubiera que cuidarle lo caliente. Hasta que una mañana, se me hizo que algo estaba mal; no importaba que esa medida de temperatura fuera normal -según nosotros-: algo le estaba pasando. Le mencioné a mi madrina lo que el termómetro decía, y se me subió algo caliente al pecho, a mí: tenía febrícula y había que tener cuidado. Qué tanto entendiera yo que la febrícula en sí misma no es una enfermedad y que no es fiebre, no tiene importancia. Igual tuve miedo. Fue una noche por demás estresante, de estarla bañando y revisando. Supongo que es muy de papás primerizos, pero hay que agregarle que mi mamá, una vez bañó a mi hermanita con agua fría para bajarle la calentura, y la niña entró en shock. La anécdota se cuenta como algo muy simpático, porque mi mamá, que entró a bañarse con ella, salió sin ropa a la calle, y así, sin ropa, llegó al hospital. Pero es gracioso a la distancia; una mujer con su bebé en brazos, gritando desesperada, no es nada gracioso, en realidad. Gracias a Dios, a B se le pasó, pero qué pena sus llantitos lastimeros, largos, como casados.

Y está el llanto de ayer.

Ya en la recta final de las vacaciones en mi rancho, se empezó a poner un poco llorona de tanto en tanto, con llantito de sentirse mal. Podía ser cualquier cosa: estábamos en un lugar más frío y se constipaba un poco por la noche; empezó a tomar un medicamento para el reflujo que según yo la pone irritable; se alteraron sus tiempos de sueño con actividad diferente a la de siempre; está en edad de que venga en camino su primer diente; la ablactación le estaría cambiando la digestión y según todos, una manzana entera es demasiado para un bebé. Con ese antecedente llegamos a casa, antier por la noche, luego de un día de viaje. Hubo quien dijo que los bebés se alteran simplemente por viajar, y también hay que pensar que llegó a la normalidad de la atención que le brindan dos personas, después de estar rodeada de la atención de muchos otros. Andaba chiplona. Me fui con ella a cortarme el cabello, y se armó la de Dios es Cristo. Incluso no quiso mi teta. Mi teta: remedio de todo mal. Mi teta que siempre fue consuelo, calmante y el chupón perfecto. De ahí en delante, la tarde se fue poniendo más complicada, con breves momentos de pausa para que comiera; ella, por supuesto, porque a mí no me dejó comer desde el desayuno. Era raro: cuando llegó su papá se estuvo tranquila un rato con él, y luego volvía al llanto desconsolado; decidimos buscar un médico, pero en cuanto salimos a la calle, volvió a calmarse; no sé si los ratos de calma eran del tamaño de los ratos de llanto, pero todo el proceso fue abrumador.

Pasé la primera parte de la tarde pidiéndole que por favor, ya no llorara, y para la segunda parte, me sentía muy culpable por pedirle algo en función de mi necesidad y fuera de su alcance. Su papá, que fue un sol cuando llegó, me pidió de la manera más atenta, que la próxima vez que la vea diferente-mal por largo rato, la lleve al médico sin esperar, y me entró culpa por no haberlo hecho, ni haber llamado a la pediatra temprano. Pero ya pasó. Nadie nace sabiendo. Mi madrina nos dijo a larga distancia que podía ser la pancita y que le diera espaven, que fue mano de santo. Estoy muy cansada, me atrasé en el trabajo, la casa está más caótica que ayer, pero B hoy está como si nada, y soy feliz por eso.

Silvia Parque

jueves, 29 de octubre de 2015

De visita

Estoy de vacaciones; de visita con mi familia, en el rancho grande de donde soy. Pero tengo trabajo, afortunadamente, y lo hago en los momentos en los que la niña duerme o es cuidada por otros, si yo no estoy en la chorcha.

Hace unos dos años que no venía por acá. He caminado por las calles que conocí cuando era jovencita, y me he impactado encarando lo complicada que he sido toda la vida. Entiendo por qué; había razón; pero sí me he preguntado, "¿no podía ser de otra manera?" Si pienso en una niña de trece años, en una joven de 17 o una mujer de 21, su persona me aparece tan-mucho más simple que la niña, joven y mujer que he sido.

Sé que somos lo que podemos con los recursos que tenemos en cada momento, y me gusta pensar que tengo recursos para el bienestar, la felicidad y la plenitud, ahora que estoy en lo que puede ser lo mejor de mi vida. Creo que eso será bueno para B.

Silvia Parque

martes, 20 de octubre de 2015

Bebé agripada

B duerme. Pasó una mala noche, y nosotros con ella. Su día no empezó fenomenal, pero va bien; ha sonreído, ha jugado, ha comido calabacita.

Fuimos con la pediatra el sábado y estaba perfectamente. También estuvo bien el domingo, pero esa noche despertó muchas veces, renegando, y comió y comió y comió, más que siempre. Por la mañana era evidente que algo le pasaba; estaba caliente. Le tomamos la temperatura y nos equivocamos. Pensamos que era normal lo que ya es febrícula; igual juzgamos antes, unas tres veces, las semanas pasadas. Afortunadamente, esa normalidad con ella desanimada e irritable, no podía parecerme normal.

A medio párrafo anterior, fui a darle teta. Ahora duerme de nuevo. Yo espero que termine de cocerse un arroz.

Antier soñé que la olvidábamos en una tienda, y unas cuatro cuadras adelante, cuando quería ir por ella, no podía avanzar; trataba de gritar y tampoco salía mi voz.

Silvia Parque

sábado, 17 de octubre de 2015

Con más

Mientras agregaba otra cucharada de chocolate en polvo a mi leche con chocolate, recordé los excesos de mi mamá cuando yo era niña. Era genial. El chocolate, cargado. Las quesadillas, con mucha mantequilla encima; los hot cakes completamente cubiertos de azúcar. Mi abuela se encargaba de la mayor parte de mis comidas, así que los excesos de mi mamá eran experiencias ocasionales para mí.

Silvia Parque

Resolviendo la mordida de teta

B empezó a "morderme" en serio, hace un par de días; la teta, se entiende. Muerde y jala, con lo que la cosa se pone intensa. Hoy su papá me dijo que le hablara seria y firme, y me reconocí incómoda al respecto; trabajaré con esa incomodidad.

No tengo problema con decir "no" cuando intenta jalarme el cabello o tomar mis lentes; ahí, natural y ordinariamente, hablo con firmeza... sin pensarlo... y no hay menos dulzura en la instrucción que en cualquier otra cosa que diga antes o después. Pero esto de la mordida es diferente... será porque me duele más que un jalón de cabello o porque estar tenida de un pezón, me hace sentir vulnerable. Y claro, porque aquellos primeros "no" los he dicho mientras le quito el cabello de la mano, o aparto su mano de mis lentes, así que en realidad, el peso de "hacer que ella haga" no recae en la palabra. En el caso de la mordida, por el contrario, al no poder evitar el acto, me sale un "no-no" angustiado y suplicante, y si trato de que no salga así, sale un "no" grave y cortante, que no me gusta y me da miedo (de que ella sienta que le hablo feo). El papá lo ha resuelto con un truco buenísimo: igual que jalándole un poco la oreja, hacía que abriera más la boca cuando necesitábamos que se acomodara mejor en la teta, encontró un punto que apretando un poco con el dedo, relaja su mandíbula y hace que me suelte. Es la parte de en medio-abajo del cachete, a la altura de los labios. Apretando ahí -es apenas un toque-, puedo decir un "no" normal.

Silvia Parque

viernes, 16 de octubre de 2015

Ni de allá, ni de acá; de mi casa

Nunca he sentido como parte importante de mi identidad, ser "mexicana". Ni de niña sentí amor por la bandera o el himno. Sí me emociona ver a mexicanos haciendo algo especial; siento que son algo "de mí". Y me parece que sería casi cruel vivir sin tacos y enchiladas.

Tampoco me parecía importante ser del rancho grande de donde vengo, pero cuando me instalé a vivir en Querétaro, me di cuenta de mis diferencias, extrañé lo que conocía, sentí evidenciarse y crecer los afectos por "lo de allá". Sé que cuando cambie de país, me pasará lo mismo respecto a México.

De cualquier modo, cambiaré de país, un día. Espero que mi hija viva su adolescencia en otro lugar del mundo. Me costará alejarme más -físicamente- de la familia extensa, pero tengo bien asumido que una ha de hacerse el camino por donde toca hacerlo.

Un día que fui de visita a mi tierra me di cuenta de que ya no era "de allá". A esta ciudad, sin embargo, nunca he podido hacerla mía; tal vez, más bien, nunca he podido hacerme suya. Resolví que no era de aquí ni de allá, sino de mi casa. Por eso, buscando destino para ir visualizando el futuro, hay varias cuestiones a tomar en cuenta, pero no tengo conflicto con estar donde sea; seré de mi casa.

Silvia Parque

El exorcista II

En mi recuerdo, había visto El exorcista II y III, y ambas me habían aburrido. No sé cómo sucedió eso, porque volví a ver "El exorcista II: el hereje" hace unos días, y me pareció una gran película. En su tiempo le fue bastante mal, sobre todo por las comparaciones con su predecesora. ¡Pero es muy buena! Lo que pasa es que no es un terror impresionante, como aquello, es diferente... Según lo que he leído en Wikipedia, mi opinión más o menos se alinea con la de Martin Scorsese.

Como vi esta película sin mucha ceremonia, fui un poco como los hombres que hacen de director técnico para el equipo al que ven jugar futbol por televisión. Resulta que el sacerdote Lamont es comisionado a investigar la muerte de uno de los exorcistas de la película anterior, por sospecha de herejía. En la búsqueda, Lamont se enfrenta con el mismo demonio que había poseído a Regan. Como suele suceder en estas películas, Dios no aparece sino bien secundariamente, y es de lo último que tiene en cuenta el comisionado; pero en este caso, eso no es todo: el sacerdote accede a seguir la instrucción del demonio y le pide de favor que lo lleve con X persona, que sabe cómo vencerlo. Ahí estaba yo: "¿Pero que te pasa? eres un hereje".

Otra cosa me llamó la atención. Cuando el sacerdote es comisionado para realizar la investigación, pide que se le exima de la responsabilidad, alegando no ser digno. Tiene razones: de hecho, sus problemas con la fe son el centro de la película. Pero el superior insiste, y le dice "hágase digno". Me llegó el mensaje.

A media película, cuando Lamont está metido en el vericueto, su superior le retira de la investigación. Él quiere seguir, y desobedece. Primero que no, y luego que sí... pasa tantas veces...

Silvia Parque


jueves, 15 de octubre de 2015

De cómo se deshace el encanto de lo que fue el misterio del suministro de energía

Dos cosas, para empezar:

- En mi casa se hacen arreglos a las cosas que pueden arreglarse, así sea para que duren un rato más.
- Yo, que soy de tendencia a la superstición, aunque me la sacudo a cada momento, prefiero no verbalizar cómo se arreglan divinamente algunos problemas: no vaya a ser que abriendo la boca, se caiga la sopa que venía del plato...

Luego:

El cargador de mi laptop ha sido algo maltratado, y como consecuencia, se desgastó uno de los cables. Fue reparado, en contra de lo que dicen los instructivos y los expertos, y funcionó perfectamente durante meses. De pronto, el cable resentido necesitó ser acomodado de un modo específico para funcionar, hasta que un día, dejó de necesitarlo; se curó a sí mismo. Pasó el tiempo, y fui viendo como dicho cable iba "pelándose" hasta dejar descubiertos los hilos metálicos de su interior. Solicité la reparación correspondiente, que fue realizada hace unas horas, a medias, quedando programada la reparación completa para esta noche.

Pero cuando la computadora anunció que necesitaba conectarse a la corriente eléctrica porque se acababa su batería, la conecté, y no pasó nada. Moví el cable, le di vueltas, desconecté y conecté, acomodé el cargador, y nada. Puse la máquina a hibernar, me ocupé de otras cosas, pero al fin volví, decidida a emplear los minutos que quedaran de batería; según los letreros en la pantalla: unos ocho, que ya serían cinco, cuando mucho.

Cerré mi sesión de Facebook, revisé las notificaciones de Twitter, esto, aquello, lo de más allá, y vi que según el marcador, hay "0%" de batería. Ya tengo aquí un largo rato, la computadora no se apaga, y sigue habiendo "0%" de carga. Una especie de "ti - ti - ti" emitido por el cargador antes silencioso, da teatralidad a la situación. Yo imagino que estoy en medio de un pequeño milagro... o un embrujo...

* Luego de los puntos suspensivos, la compu se apagó. 
Al rato, tuvo lugar la reparación completa programada.*

Silvia Parque

Novedades con B

Como he estado unos días ausente del blog, pongo al tanto al distinguido auditorio, de las novedades con B:

- Ha descubierto que el objeto libro no solamente hace aire y sabe bien, sino que además, puede romperse. Ha roto su primera página, mi pequeña. Me sentí orgullosa como si hubiera escrito un cuento.

- Después de cuidar durante casi seis meses los mensajes que pudiera recibir oyendo las series de televisión que me gustan, películas de miedo o con violencia, y cualquier canción que fuera a pasar por sus castos canales auditivos, resulta que baila con Los toreros muertos y Kaka de Luxe. Lo bueno es que mientras el padre cantaba "Rosario toca el pito", al llegar a la parte de "ha matado a su padre...", ha dicho que habrá que restringir algunas letras por unos años -lo ha dicho el padre, por supuesto-.

- Ya "muerde". De morderme-a-mí, quiero decir; a mi teta, para ser más precisa. No tiene dientes, pero aprieta con las encías, y jala. No es que no lo haya hecho antes, sobre todo con sus cosas, pero hoy lo ha hecho, digamos, con clara intención; jugando, se entiende, no con intención de lastimar. Me ha hecho mucha gracia por la forma en que me ha mirado, pero pegué un gritito, y su papá la vio con gravedad y me dijo que me pusiera seria o seguirá haciéndolo, y tiene razón. Ahora es simpático, pero cuando tenga dientes no lo será, y además de proteger mi teta, tengo que proteger su fuente de comida.

Silvia Parque

viernes, 9 de octubre de 2015

Hot cakes del pasado y del futuro

En mi casa, cuando era niña, los hot cakes se comían con mantequilla y azúcar. La miel, que no era miel-verdadera sino jarabe, se le ponía al pan francés, y era miel karo para bebés. Ya era una niña grande cuando llegó a mi casa la novedad de la miel sabor maple (que también era jarabe).

Imagino que le haré hot cakes de figuritas a B, y que al principio no llevarán nada encima; pero después, será muy bonito dejar a su alcance toda una gama de coberturas: leche condensada, cajeta, crema de avellana...

Silvia Parque

B y sus cosas

Como contaba AQUÍ, B conoció el objeto libro hace rato. En estos días, lo ha conocido mejor, con uno de los suyos (el primero que manipuló es mío; ella tiene cuatro o cinco). Ya no solo lo abre y siente el aire que pueden hacer sus páginas; ahora lo come. No hay problema porque se lo doy cerrado, de manera que coma portada semiplastificada, y no páginas de papel-papel; sin embargo, ayer le entraba con tantas ganas a una esquina, que se lo cambié por otra cosa, temiendo que lograra reblandecer el cartón.

También juega con sus toallitas húmedas, o más bien, con sus paquetes de toallitas húmedas. Parece que los colores firmes y el brillo del empaque, hacen del objeto algo sumamente atractivo y de muy buen sabor. Le interesan su bote de crema y sus pañales, pero mucho menos que los paquetes de toallitas; si tocó uno en color amarilo o anaranjado, más que mejor -por el momento, el amarillo es su color favorito-.

Silvia Parque

martes, 6 de octubre de 2015

La mujer que se convirtió en otra

Ella fue tonta una vez, otra vez, y otra vez. La última vez, ya no. Tuvo un hijo varón cada una de aquellas primeras veces, y una hermosa niña, la última. De cualquier modo salió raspada en cada encuentro, cada vez más vieja. Es increíble cómo una mujer puede hacerse vieja a los veinte años, con el toque de algo malo que pasa; algo malo que no se cuenta hasta muchos años después, cuando puede decirse como si nada porque ha pasado algo peor.

Pero un día, ya con experiencia en no ser tonta, luego de pagar sus deudas con puntualidad muchos meses, comprando tinte para el cabello, se dio cuenta de estar lejos de sí misma, y se sintió muy bien. Se dejó atrás. Se convirtió en otra.

Silvia Parque

Ser escuchada

Ser escuchada y tenida en cuenta, da una pequeña satisfacción por demás placentera. 

Una espera ser escuchada siempre que se dicen cosas serias, cuando se entablan conversaciones sobre un tema particular, cuando se estipulan condiciones, etc. Pero está eso que una dice, tal vez al pasar, que se da por sentado que el otro escuchó, que queda como agua pasada y que de pronto, se hace presente en un detalle con el que ese interlocutor hace saber: "mira, te considero".

Silvia Parque

Qué hacer cuando la niña duerme

Yo creía que los bebés dormían cada vez menos conforme crecían, pero B, descontando el primer mes, duerme mucho más ahora que cuando era una bebecita. Llegué a mencionarle al pediatra que ella no dormía nada durante el día, y me dijo que así era con algunos bebés que dormían toda la noche; yo hacía cuentas de las horas de sueño nocturno, y se alejaban mucho de lo que leía que eran las "pautas generales" de sueño a su edad. Pero pasó el tiempo, y ahora duerme más horas en la noche, y toma al menos dos siestas durante el día -a veces, tres-. No siempre son largas, pero como antes no existían, me parecen la gran cosa. Y surge la pregunta: ¿ahora qué hago?

Tengo una larga lista de cosa por hacer, muchas de las cuales esperan a que B duerma. Otras se pueden hacer con ella, pero es muy apreciable poder ponerme a la labor sin el apremio de "brazos-atención-comida-ahora-ya-ahorayamismo-; es el caso de cocinar o comer... comer con calma. Pero el momento llega siempre un tanto inesperadamente, aunque llegue todos los días, o más bien, me encuentra a mí desprevenida, como medio boba, y tardo un momento en decidir. Si tengo trabajo que entregar, casi no hay pregunta: hay que hacer lo que hay que hacer; pero si el día de entrega no está próximo, todos los pendientes entran al concurso y todos son atractivos. Puedo ponerme a recoger o a limpiar o a lavar; puedo ocuparme de esos proyectos siempre pospuestos por "innecesarios", como colocar una foto en el portarretratos del buró; puedo ponerme al día con correos electrónicos u ordenar papeles; podría, por fin, volver a leer, ¡volver a escribir!, o darme el gusto de simplemente pasear por la blogósfera, escribir una entrada. Estaría bien una lección de inglés o francés... Y la tentación más grande: dormir yo también.

Como he dicho, sus siestas no son muy largas, usualmente; cuando llega a pasar un buen rato de que duerme, la extraño.

Silvia Parque

lunes, 5 de octubre de 2015

Artículos para bebés

Hay artículos para bebés cuya existencia no entendí o fui capaz de apreciar cabalmente, hasta que llegó B a casa; como la variedad de trapitos para los líquidos residuales que salen de su cuerpo: muy útiles, nunca demasiados. Hay objetos costosos para papás aprensivos o cuidadosos, o en todo caso, con dinero para comprarlas y espacio para guardarlas; como el termómetro para el agua de la bañera: a mí me habría ahorrado discusiones con mi abuela, que sufría porque según ella, yo metía a la niña en agua fría; pero mi mano tentando hace el trabajo. Otras cosas sí son un robo que toma ventaja de la merma cognitiva que pueden generar los bebés: como el agua para bebés. ¿Qué tendrá de diferente el hidrógeno o el oxígeno del agua para bebés? Según lo que leí en el empaque de la que me detuve a examinar, su chiste es que es libre de sodio; pero al revisar su composición sí aparece sodio, y al compararla, tenía más sodio que una de las marcas en su presentación común y corriente. No había visto fraude de tal magnitud desde que comparé palomitas de microondas light con palomitas de microondas regulares.

Silvia Parque

viernes, 2 de octubre de 2015

De B y la manipulación

Creo que son unas tres personas las que me han dicho, lo que muchas más de tres personas han de pensar: que mi bebé ya me ha agarrado el punto, que ya me ha tomado la medida, que me manipula, pues. Yo no discuto, pero por supuesto, me dejo "manipular".

AQUÍ la razón científica por la cual es imposible que los bebés muy pequeñitos manipulen; son incapaces de saber que si hacen X, sucederá Y.

Claro que bien pronto empiezan a convertirse en personitas capaces de jalar del cordón que hará que el objeto musical suene, esperando el sonido, es decir: bien pronto sabrán que si hacen X, sucederá Y. Entonces sabrán también que si lloran, pasará aquello que haya estado pasando cuando lloran. En el caso de mi hija, sabrá que si llora, mamá o papá irán a hacer que se sienta mejor, o al menos a intentarlo. Exactamente lo que quiero que sepa.

Si la manipulación es que ella hace que yo haga algo que ella quiere, me parece muy bien que me manipule, porque o quiere comer, o quiere que la cargue, o quiere atención, o las tres cosas al mismo tiempo. Por cierto, empieza a pedirlo con gestos y ruiditos, pero a veces no lo obtiene y pasa a medidas extremas, es decir: funciona como cualquier persona no apocada ni amedrentada: va por lo suyo (en este caso, la comida, los brazos y la madre). El problema, a ojos de algunos adultos, es que a veces no se puede tener lo que una quiere, y los padres deberían dejarlo bien claro desde el principio. Para mí, esa realidad ineludible de que no siempre se obtiene lo deseado, es de las principales razones por las que trato de que ahora, que le toca aprender de qué va la vida, tenga todo lo que tan legítimamente quiere (repito: comida, brazos, madre... a veces, padre). La vida en mucho se trata de ir por lo que legítimamente nos corresponde, y si somos decentes, de ir por ello con modos legítimos. ¿Cuál será el modo legítimo para el crío incapaz de pronunciar una palabra?

Hay muchos adultos que no quieren dar a sus bebés eso que sus bebés quieren. Ahí está mi vecina diciéndome que no le dé de comer en la noche para que se acostumbre a dormir de un tirón hasta la mañana, es decir: que la deje llorar de hambre hasta que se rinda y entienda que ha de hacerse lo que yo quiero y no lo que ella quiere, ¡que es alimentarse! ¿Quién sería la infantil en ese caso, me pregunto? Pero bueno: cada adulto con sus necesidades. Están los que no quieren cargar o no quieren dar atención... o no tanta atención como pide el bebé. No está bien ni mal, somos diferentes y ni queremos lo mismo, ni damos amor de la misma manera. El caso es que yo sí quiero darle a mi niña esas tres cosas que me pide... casi siempre. A veces, por ejemplo, ella quiere atención y yo quiero comer; entonces, tenemos drama; aunque como apresurada y frente a ella, hablándole, no le es suficiente y llora; a veces, a la mitad de la comida, su queja me hace saber que también quiere comer, pero aun así termino mi plato antes de darle, porque aprendí que: o me hacía mis ratos para la comida, o esos ratos iban a ir extinguiéndose hasta que acabáramos mal. Acepto la situación, me apena que la pase mal, la acompaño en su malestar, y en cuanto termino, la tomo en brazos y la consuelo. Tenemos el mismo pequeño drama cuando se acabó su ratito de entretenerse sola, antes de que yo termine alguna tarea doméstica que juzgué impostergable. Y también del mismo modo: le hablo mientras la pasa mal, me acerco a tocarla, me apuro, y en cuanto termino, la cargo y la consuelo. Si parece muy alterada mientras estoy en lo mío, interrumpo y hago un "intermedio" para el consuelo. ¿Que así no va a aprender a "dejarme hacer"? Yo creo que va a aprender que sí me llegan los mensajes y que me importan.

¿Que hay cosas que querrá y yo deberé negarle? Pues sí; pero mientras lo que pida sea comida, brazos y mamá...

Silvia Parque

No vayas a tocarnos

Hay dos tiendas de abarrotes a la misma distancia de mi casa, una a la izquierda y otra a la derecha. Fulanito es una persona que a veces hace alguna tarea en la tienda de la derecha. Le llaman por su nombre de pila en diminutivo, como suele hacerse con las personas que tienen alguna discapacidad mental; parece que está en situación de calle o casi, y evidentemente tiene mermada la capacidad cognitiva. Sonríe amplia y bobamente, con bondad en los ojos. Un día, se puso a meter mercancía a la tienda, y ahora ya sabe acomodarla en los anaqueles; ese día que "tomó" el trabajo, le dijeron que "no", pero siguió haciéndolo; le volvieron a decir que "no" la segunda vez que se puso a hacerlo, pero tampoco ese segundo "no" le detuvo. Sé que le daban "algo" antes de que ayudara, o que lo habrían hecho aunque no ayudara, porque he visto a los de la tienda "dar algo" a otras personas con necesidad.

Yo sabía de su existencia, pero no lo había visto hasta hace unos días, cuando esperaba a que me atendieran con mi niña en brazos, y Fulanito pasó junto a nosotras cargando una caja con mercancía; para ser precisa, pasó cargando una caja, regresó y volvió a pasar cargando otra caja. Su movimiento es un poco torpe por lo que nuestros cuerpos se rozaron, la caja rozó mi cabeza, y yo me apresuré a moverme de modo que ni él ni la caja fueran a tocar a mi bebé. Podría haberle pegado a la niña sin querer, pero en realidad me apuraba su suciedad; nada que realmente ofenda el olfato o la vista, pero suficientemente sucio como para ser evidente. La jovencita encargada de la tienda le pidió que tuviera cuidado y dijo "Ay, Fulanito, no entiende". Y es que no entiende igual que nosotros: entenderá a su manera y no somos suficientemente listos como para explicarle bien. Me apené de que mi gesto delatara el "no vayas a tocarnos" que pasó por mi cabeza, pero más me apenó que pasara por ahí.

Recordé que una persona a la que respeto mucho, me contó que Dios trabaja con ella, en relación con la aversión que le produce el olor y el aspecto de la gente que vive en la calle. No hace mucho del incidente con la mujer en situación de calle que me tocó de compañera en el autobús [AQUÍ], así que tal vez Dios también esté trabajando conmigo en esto; nunca pensé que sintiera alguna aversión porque no soy en especial delicada, al contrario, pero apenas me doy cuenta de que es porque siempre he estado a una distancia donde me siento "a salvo".

Silvia Parque

jueves, 1 de octubre de 2015

Entrevistadores

Hay muchos tipos de entrevista; voy a referirme a la que se hace con fines de difusión pública. ¡Qué malos entrevistadores hay en México! Independientemente de la falta de cultura, criterio o simpatía -la última más subjetiva que las otras-, el problema es que no atienden al principio básico de la entrevista: se trata del entrevistado.- El entrevistado es el que debe resaltar, el que debería hablar más. Hay actitudes tan infantiles, como querer mostrar todo lo que se sabe sobre la persona con la que se está.

Solamente vienen a mi mente dos buenos entrevistadores: Cristina Pacheco, cuyo programa de conversaciones en canal once [ESTE] es toda una institución, y Luis Carbajo, a quien solamente vi una vez, entrevistando a Miguel Ríos, pero que me impresionó por el lujo de entrevista.

Silvia Parque

Isabel, Carlos, Cortés, Carlitos y yo

Me regalé de cumpleaños, la tercera temporada de "Isabel". Soy su fan. ¡Qué pesar que terminara! Sentí un vacío, realmente; no me pasó ni con Dr. House. Pero es que este chisme está insuperable. Ahora empiezo con "Carlos, Rey Emperador", y siento como si tuviéramos algo que ver -cómo no, si conocí a los abuelos de estos y aquellos-. Estoy picada, y sin embargo, en este caso tendré que conformarme con los capítulos que vayan subiendo a la red... mejor así, porque soy capaz de armarme un maratón, y luego del de "Isabel" no es lo más conveniente para mi lista de cosas por hacer.

En esta otra serie, me encuentro con que aparecemos. Quiero decir: América. Aunque Colón ya había "descubierto" el continente desde "Isabel", ahora empieza la aventura de Cortés. Resulta muy interesante verlo desde la óptica de los conquistadores. Me recuerda la impresión de ver cómo el personaje de Carlitos, en "Cuéntame cómo pasó", aprendía las virtudes de quien desde este lado del mundo, siempre ha aparecido como villano. A propósito del "mes patrio" que acaba de terminar, y del relativamente reciente bicentenario de la independencia, me pregunto qué hay en mí de ese pasado que nos conforma.

Silvia Parque

martes, 29 de septiembre de 2015

Me sitúo

Tomo posición. Me doy cuenta de que alguna vez quise estar de un lado y de otro, porque compartía algo con un lado y con otro; de que muchas veces quise no estar ni de un lado ni de otro, porque me resistía a asociarme con aspectos de un lado y del otro; me resistía, de hecho, a situarme en "un lado", habiendo tantísimos más que dos, es decir: mucho más que "esto o aquello". Pero me ha sido necesario situarme.

Ser la persona que soy implica filiaciones y desasociaciones. Hay cosas que no me gustan, incluso personas que no me gustan -creo que llegué a los treinta sin que hubiera una persona de la que pudiera decir así: "no me gusta"-. Tengo una visión de la vida, creencias y supuestos, que no concuerdan e incluso se oponen a los de algunas otras personas. Antes, quise armonizar, ajustarme, en atención a lo válido de la visión, las creencias y supuestos de los otros; pero ya no; sé que hay algo válido en esa diversidad de visiones, creencias y supuestos, pero me con-formo de un modo en que ya no me muevo. Antes, incluso, acepté paradigmas más ampliamente aceptados que el mío, ideas más justificadas que las mías, y dejé que trastocaran mi identidad; ya no: tampoco. No me muevo.

Me relaciono con personas muy diferentes a mí, no se piense lo contrario. Me puedo llevar muy bien con ellas y apreciarlas sinceramente, como personas. Conversar, aprender, disfrutar; si todos fuéramos iguales sería muy aburrido. Además, mi juicio es un proceso crítico, reflexivo y abierto, así que no digo "no me muevo" como si trazara cuatro líneas de un color sobre el piso, y dijera: "voy a dedicarme a repasar esto para que jamás se desgaste". Es nada más, que me gusta ser más yo, y me doy cuenta de que no me conviene otra cosa.

Silvia Parque

lunes, 28 de septiembre de 2015

Feliz año nuevo para mí

He tenido el mejor cumpleaños de mi vida.

Sé que éste será mi mejor año.

Veo el pasado de diferente manera: de una que me hace sentir muy bien.

Veo el futuro de diferente manera: de una que mezcla emoción con sosiego.

Me siento, más que nunca, bien plantada en mi presente.

Todo está bien.

Silvia Parque

domingo, 27 de septiembre de 2015

Cumpleaños con B

El sábado inicié los festejos oficiales por mi cumpleaños, vistiendo a B con un vestidito gris; continuaron hoy domingo, entre otras cosas, yendo por unos polvos mágicos contra el reflujo -tienen que ser mágicos, con lo que cuestan-, que le harán sentirse mejor. Mañana, en mi día, el mayor de los festejos será estar trabajando no porque sea profesional, porque quiera realizarme en ese sentido, porque haya estudiado o porque los adultos tienen que trabajar -según dicen-, sino porque soy su madre. Sé que me dará una sonrisa especial como regalo de cumpleaños. Siento cosas bonitas en la panza cada vez que veo una de sus sonrisas nuevas: porque tiene sonrisas diferentes, y las voy conociendo.

Me doy cuenta de que no solo los cumpleaños que sigan serán así, sino toda la vida, y me alegra. Fue mi mejor año, sin duda, y que ella esté aquí hace que me importe hacer que ahora el mejor año sea el año que viene.

Silvia Parque