martes, 9 de enero de 2018

La nueva casa

Ahora vivo en una especie de isla en la carretera, un poco como un pueblo. Aquí también viven los perros más ufanos del mundo. 

Mi tía, la que más cerca está de nosotras, piensa que estoy mal de la cabeza y seguro solo puede ver que es un lugar pobre. Solo a ella le permito recordarme -repetidamente- que "piense primero en mi hija", como si fuera una adolescente que no tiene idea de lo que está haciendo. Vale. Ajá.

Yo veo la vida que quiero. Mi cultura, valores, principios y expectativas, no son los de mi familia de origen, ni los de mi familia extensa, ni los de otros; son los míos y los de personas como yo, que tampoco somos nada más tres. Desde ahí, esto en lo que estoy es bueno. Todo pinta bien. 

Por ahora no tengo Internet en casa, pero ya me las arreglaré.

Hace mucho que no me sentía tan en mi sitio. Es importante para mí.

Silvia Parque

jueves, 4 de enero de 2018

"Aguántate" y las aguantadoras

"Mala"

Las mujeres oímos a menudo "aguántate". En serio y en mal plan, de diferentes modos.

En general, aprendemos a lidiar con el malestar físico sin dejar de cumplir con lo que asumimos como deber, mucho más que los hombres. Y "la costumbre se hace ley", dice mi abuela. La que no haga lo que las demás es mínimo señalada. "No aguanta nada", dicen sobre todo otras mujeres, antes de contar lo que sí aguantan ellas: las aguantadoras.

Hay múltiples "aguántate" en la violencia obstétrica. Quienes evitan esta violencia al grado de evitar el hospital, a veces porque ya pasaron por ella en un parto anterior, no están evitando poquita cosa, pero el mensaje del mundo es: "aguántate".

He leído varios comentarios en los que se da a entender que una mujer normal pone el bienestar de su criatura por encima de su comodidad, como crítica a las que deciden parir en casa. Según esta idea, quienes nos planteamos parir en casa queremos estar cómodas aún a costa de la suerte del hijo o la hija que viene. Como el embarazo es rete-cómodo, ahora no queremos incomodarnos.

Ojo que no estoy hablando de la conveniencia o la inconveniencia del parto en casa, que es otro tema, sino de este modo en que se juzga a las mujeres que se lo plantean y lo llevan a cabo. Se les juzga de varios modos: locas, irresponsables, tontas; yo ahora hablo solo de juzgarlas "cómodas". Aunque tal vez va implícito lo de "tontas"...

Cualquier mujer adulta con mínima inteligencia comprende la necesidad de vivir incomodidades: así es la vida. Sufrir violencia obstétrica no es pasar incomodidades, como cuando el día está caluroso o está frío, es sufrir violencia. Y si la mayoría anteponemos la seguridad de nuestras criaturas y nuestra propia seguridad a cualquier otra cosa, de modo que "mejor asegurar la vida aunque maltratados", qué patética situación y qué patética respuesta de la sociedad: "aguántate". Además, qué miserable no reconocer lo que han sufrido otras porque a mí no me pasó o porque me pasó y no me afectó -he de ser "aguantadora"-. Ojo que se puede concluir que es mala idea parir en casa sin minimizar la violencia obstétrica y en una lógica ajena al "aguántate".

A lo que voy es a que, en general, se minimizan los malestares, daños y sufrimientos de las mujeres y se les anima o se les empuja a aguantar. Ya se ven menos relaciones nefastas "por el bien de los hijos", pero sigue siendo común que las mujeres tengan buenos motivos para "aguantar" lo que estén pasando. Las que no aguantan son exageradas, delicadas, histéricas, brujas; malas.

"A Fulanita no se le puede decir nada". ¿Pero por qué se le podría decir "algo"? No será un elogio sincero lo que no acepta. Seguramente es algo fuera de lugar cuando no una falta de respeto. Pero líbrenos Dios de la respuesta tajante que merecen comentarios tipo "deberías bajarle a las harinas porque al rato no te va a quedar nada". O que no nos libre. Que arda Troya de vez en cuando.

Silvia Parque

miércoles, 3 de enero de 2018

Iniciando el año

Terminé el año como correspondía al año loco que fue: mi cuerpo se sintió muy mal y en los últimos días estuve más agobiada que otra cosa; pero un vasito de sidra y una buena película me dieron una nochevieja reconfortante: amaneció el día primero y mi disposición a hacer del que inicia mi mejor año tuvo su primer fruto: me cambio de casa este fin de semana. Me hace mucha ilusión. Es una diminuta casita de mis sueños.

Antes de decidir que rentaría "ahí", me aseguré de que hubiera cobertura de Internet. Espero contratar el servicio en cuanto estemos allá; sobre todo, espero que lo conecten rápido. También espero que sea posible cancelar el servicio que tengo ahora, lo cual en mi experiencia casi nunca es posible. Vamos a ver. Por lo pronto no me detengo a hacer de eso un problema. En verdad estoy ilusionada. Ojalá no sea difícil para mi niña.

En cuanto a ella: hoy celebramos el inicio de mi año laboral, lo que sirvió de pretexto para hacerle un regalo. Esta siendo un tema, ese de los regalos...

Desde lo que llamamos "prenavidad", quiere regalos todos los días: mañana, tarde y noche. Siempre ha vivido como algo cotidiano recibir detalles, sorpresas, casi siempre algo pequeño y sencillo, como una manzana, por ejemplo; pero luego de haber desenvuelto numerosos regalos, uno tras otro, parece que se hizo adicta, incluso ha llegado a pedirlos de manera cansina, machacona: "quiero un regaaaaaalo". Así que estamos trabajando en el tema. Como hemos hecho antes, le dimos varias de sus cosas nuevas y reservamos más de la mitad que irá recibiendo paulatinamente, para dar un lugar especial a cada una. Se le da bien apreciar los objetos y no queremos que eso se pierda; queremos que valore tanto las cosas como lo que representan: trabajo, para empezar.

El caso es que hoy celebramos el inicio de mi año laboral y le di un brillo labial de un juego de varios que le regaló mi mamá. Lo volví a envolver porque le encanta desenvolver. Estaba de lo más emocionada: encantada. Lista para dormir, en pijama bajo las cobijas, seguía "pintándose" la boca...

Hace años que en realidad inicio el año hasta el día tres. Me costó. Tenía un cansancio y una pesadez que se me instalaron con el resfrío y me estaban apachurrando; pero logré levantarme a una hora decente; releí "Este puede ser tu mejor año", de Debbie Ford, sentí como el libro empezó a hacer efecto y aquí estoy.

Silvia Parque